La importancia de los primeros tres años

Idalia Gutiérrez*

Hay etapas en la vida del ser humano que son más importantes que otras. Algunos afirman que es en la niñez donde se aprenden los primeros conocimientos. Otros, que es la adolescencia donde se forja el carácter y algunos opinan que es la edad adulta donde la persona logra sus principales realizaciones.

Sin embargo, los recientes estudios afirman que la mayor parte del desarrollo del cerebro del ser humano se realiza en los primeros tres años de vida.

Dice la UNICEF en el Estado Mundial de la Infancia 2001, que “en el breve lapso de 36 meses los niños adquieren capacidad de pensar y hablar, aprender y razonar y se forman los fundamentos de los valores y los comportamientos sociales que los acompañarán durante su vida adulta”.

Es por esta razón que el informe recomienda que la primera infancia debe recibir una atención prioritaria de los gobiernos, sobre todo en aquellos países como el nuestro donde existe un alto grado de desnutrición tanto de las madres lactantes como infantil y hacen falta políticas adecuadas para enfrentar el alto grado de violencia intrafamiliar, y de la cual son víctimas miles de estos niños y niñas.

La presentación de este informe, donde llama a priorizar las atenciones en los tres primeros años de vida de las niñas y niños, coincide también con la celebración en el mes de septiembre de la sesión especial de las Naciones Unidas donde se dará seguimiento a los acuerdos tomados en la Cumbre Mundial de la Infancia en el año de 1990, y en la cual se debatirá especialmente sobre tres temas: Cada niño debería tener el mejor comienzo posible en la vida; cada niño debería recibir una educación básica de buena calidad y cada niño debería tener la posibilidad de desarrollar cabalmente su potencial y contribuir significativamente a la sociedad.

Hay que recordar los considerandos que la honorable Asamblea Nacional incluyó en la introducción del Código de la Niñez y la Adolescencia, afirmando que “es responsabilidad gubernamental promover y apoyar políticas, programas y proyectos a favor de la niñez y la adolescencia, prevaleciendo siempre como principio fundamental, el interés superior del niño, niña y adolescente”.

Y es precisamente en el Interés Superior del Niño que basa los principios nuestro Código de la Niñez y la Adolescencia, retomando lo establecido en la Convención de 1989 y ahora en los nuevos conceptos que serán discutidos en la sesión especial de la ONU en Nueva York.

No podemos negar los avances logrados por Nicaragua en los últimos diez años en esta materia, pero aún falta mucho por hacer sobre todo en las prioridades que establece el documento de UNICEF para los primeros tres años de vida.

La reducción de las muertes maternas, el acceso a programas y actividades pre-escolares, un mejor acceso a los servicios de salud, de agua potable, de atenciones especiales en hospitales y clínicas, a una mejor alimentación, deben ser parte del programa de éstos y los nuevos gobernantes.

Es en estos primeros tres años que debemos centrar nuestros esfuerzos como Estado, como sociedad civil, como padres y madres de familia, como hermanos, familiares y amigos y amigas, para asegurar que los derechos de nuestros niños y niñas sean defendidos desde muy temprano, incluso como dicen los expertos, desde antes de nacer.

La aplicación íntegra del Código de la Niñez y la Adolescencia, la implementación de los acuerdos de la Cumbre Regional celebrada en noviembre pasado en Panamá y la Reunión Ministerial celebrada en Jamaica en el mes de octubre.

Además de los temas discutidos en la reunión preparatoria de la última semana de enero en Nueva York, la próxima reunión en junio y finalmente la Sesión Extraordinaria de la ONU en septiembre, son retos que Nicaragua debe cumplir para asegurar el Interés Superior del Niño y mejorar sus condiciones pese a la crisis económica que vivimos y de la cual sólo unidos podemos salir adelante.

*La autora es periodista. Consultora de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.  

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