“Iluminemos al mundo con nuestra vida”

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

Lo que rebosa del corazón lo habla la boca

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 39-45

En aquel tiempo puso Jesús a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?

“El discípulo no es más que su maestro, pero el discípulo bien formado será como su maestro.

“¿Cómo es que ves la basura en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que te saque la basura que tienes en el ojo’, cuando no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la basura del ojo de tu hermano.

“No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por sus frutos; porque de los espinos no se recogen higos, ni de las zarzas se cosechan uvas.

“El hombre bueno saca el bien del buen tesoro de su corazón; y el hombre malo, de su mal corazón saca lo malo. Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

Palabra del Señor.

Lecturas Bíblicas: Eclesiástico 27, 4-7/Corintios 15, 54-58/San Lucas 6, 39-45

El evangelio de este domingo nos trae tres enseñanzas específicas: 1- La superioridad que debe mantener siempre el maestro frente al discípulo. 2- Conocernos nosotros mismos antes de corregir a los demás. 3- La coherencia de vida donde estamos llamados a dar buenos frutos; en lo personal me parece que éstos pueden resumirse en el llamado de iluminar al mundo con nuestra vida.

En lo que se refiere a la primera enseñanza, bien sabemos que el Señor se refiere a esa obligación del maestro de saber más que el alumno, de manera que pueda tener autoridad frente a ellos con su vida y sus conocimientos y para mantenerse como tal, debe permanecer en formación, de lo contrario corre el riesgo de ser aventajado por el discípulo y pasar a un segundo lugar. Aunque el texto se dirige al cristiano a dar un testimonio de vida, a ser luz para guiar a otros, textualmente debe aplicarse al maestro como tal que desempeña un papel determinante para la sociedad en cuanto es el único que tiene un contacto permanente con las personas y está en todos los rincones de la tierra, donde tal vez nunca llegarán otras personas por muy importantes que sean. En el maestro podríamos encontrar un indicador y una causa del bien y del mal de la sociedad. Tal vez muchos de ellos enseñan no por vocación sino por un modus vivendi, y nadie da lo que no tiene. Nicaragua necesita de maestros con vocación, para ser luz y guiar a los niños, adolescentes y jóvenes que están siendo guiados por tantos ciegos y llevados al despeñadero.

La segunda enseñanza la relaciono con aquella frase célebre de Sócrates: “conócete a ti mismo”. Es fácil conocer a los demás, pero es difícil conocernos y aceptarnos a nosotros mismos. En efecto, esto sólo es posible cuando nos imponemos un régimen disciplinario de introspección; esto me permitirá afirmar que mis defectos son superiores a los que pudiese señalar a otros; es también una virtud de humildad porque es ponernos ante la presencia de Dios y pedirle perdón por nuestras faltas; sólo cuando yo me vea a mí mismo, tendré autoridad moral para señalar al otro; pero en realidad esto ni siquiera se haría porque al conocerme a mí mismo me sentiría incapaz de corregir al otro.

En mis años de experiencia pastoral he encontrado aquí una de las mayores dificultades de las parejas en conflicto: se acusan mutuamente, pero nadie se acusa a sí mismo; si esto lo practicasen muchos de ellos, los conflictos serían menos.

La tercera enseñanza es una lógica: sólo el árbol bueno puede dar frutos buenos; cuando constato actitudes externas, inmediatamente me lleva a la causa: la mente y el corazón; de ahí que el evangelio señala la raíz de los males de la sociedad. La Iglesia en su solicitud pastoral y profética, cuando puntualiza los males en la sociedad, es categórica en afirmar que todo ello radica en el corazón del hombre. Es oportuno este evangelio para valorar a los políticos en sus personas y en sus actos ahora que están en campaña electoral; no hay que dejarse engañar por sus discursos, por muy interesantes que sean; fijémonos en sus obras; si han respetado los derechos humanos, si han sido ejemplares padres de familia y para el católico si han respetado a la Iglesia. Pagaríamos muy caro poner al país en manos de hombres que se destacan por sus males.  

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