El perdón y la reconciliación

Ministerio Arquidiocesano de Predicación “Madre de la Nueva Alianza”

«El único camino de la paz es el perdón. Aceptar y ofrecer el perdón hace posible una nueva cualidad de relaciones entre los hombres, interrumpe la espiral de odio y de venganza, y rompe las cadenas del mal que atenazan el corazón de los contrincantes. Para las naciones en busca de reconciliación y para cuantos esperan una coexistencia pacífica entre los individuos y pueblos, no hay camino más que éste: el perdón recibido y ofrecido» (Mensaje para la Cuaresma del año 2001 del Papa Juan Pablo II).

La descripción del perdón y de reconciliación va a depender de cada persona y de cada corazón. Algunos lo llamarán ser tontos, otros pensarán que ceder no es táctico, etc. Lo cierto es que hace falta y nuestro derredor anda mal por falta de perdonar y reconciliación.

Pasemos a planos que vemos y que están más visibles: los hogares desunidos porque los padres fueron incapaces de reconciliarse, o porque uno de ambos falló y la otra parte cree que si perdona se está rebajando. Aunque sientan que se aman son incapaces de volver a confiar porque darían la sensación de que son tontos o porque ceder daría el color de débil. ¿Por qué no ver la reconciliación como un esfuerzo por dar oportunidades al amor que se tienen y que los llevó a unirse?

¿Cuántas veces no dice el ser humano, hasta con cierto orgullo, “perdono pero no olvido”? ¿Es posible que se dé eso?

Entonces encontramos que los que en algún momento se amaban tanto se encuentran haciendo esfuerzos grandes por hacer patentes su separación, y después de que hablaban maravillas el uno del otro ahora se dicen groserías, porque fueron incapaces de reconciliarse, de perdonarse las fallas que hubo en algún tiempo, porque se aferraron al error y no al amor. Así se desbaratan las familias, las amistades, los grupos humanos sean de lo que sean.

Si Dios actuara como los humanos actúan en el perdón y la reconciliación quién sabe qué sería de nosotros. Dios tiene una cualidad que no tenemos los humanos: perdona y olvida. “El pecado es, ante todo, ofensa a Dios, ruptura de la comunión con Él. Al mismo tiempo, atenta contra la comunión con la Iglesia. Por eso la conversión implica a la vez el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia, que es la expresa y realiza litúrgicamente el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación (cf. LG 11)” (Catecismo de la Iglesia Católica 1440).

Aunque para algunos es irrisorio pensar en confesión de los pecados a un sacerdote, es la forma de tener acceso al perdón que Dios siempre está dispuesto a darnos en cualquier momento.

Abrir el corazón al perdón para aprender a perdonar. Tener experiencia de ser perdonado para perdonar. Todo ello es tener experiencia de amor para amar.  

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