Berta [email protected]
Todos los días en los semáforos nos encontramos con muchos niños con su carita sucia y sus ojitos tristes que nos dicen un “pesito, un pesito”, o nos dan un papelito pidiendo ayuda para estudiar. Muchas personas caen en la tentación de darles el pesito, creyendo que con esto han hecho su buena obra del día. Pero es importante reflexionar en ese pesito. Tómense un día la molestia de bajar la ventana y averiguar un poco sobre la vida de estos niños, después de unas cuantas mentiras y con insistencia los niños dirán la verdad, y nos damos cuenta que al darles el pesito los estamos acostumbrando a seguir una vida de mendigo, estamos acostumbrando a sus padres a seguir explotando a sus hijos, ya sea por ignorancia o por vivianes hay padres que se aprovechan de sus hijos en vez de mandarlos a la escuela.
Si usted pasa todos los días por el mismo semáforo encontrará las mismas caras a todas horas, mentira que van al colegio, de pesito en pesito estos niños van en camino a vivir de los demás y no a vivir del esfuerzo ni del trabajo, y me pregunto dentro de unos 10 ó 15 años estos niños ¿qué clase de adultos serán?, no van a la escuela y sólo han aprendido a sobrevivir en la vida con mentiras y lástima. ¿qué podemos hacer para cambiarle la vida a estos niños?. Podemos comenzar por no darles más pesitos, démosle una galleta, una paleta, o un jugo, no permitamos que los niños de la calle se conviertan en mercancías ni esclavos de sus padres. ¡Ni un pesito más! ¡No limpiemos nuestra sociedad con un pesito!
Si queremos un país desarrollado, democrático y sin pobreza, no esperemos que el gobierno haga algo por estos niños, hagámoslo nosotros. De eso se trata la democracia, de ser ciudadanos responsables y trabajadores, que luchan por el país. Hoy cuando pase por su semáforo preferido, fije sus ojos en un niño, y propóngase conocerlo, ayudarlo, aconsejarlo, de niño en niño cada uno de nosotros podemos transformar Nicaragua, no le dé un pesito, dele esperanza y una vida.