- El ideal ciudadano no ha evolucionado todavía en la mentalidad nacional. Siguen influyendo en ella la conveniencia, el interés por el botín y el gobierno para beneficio propio
Mario Alfaro Alvarado
Las cosas están saliendo como las diseñaron Alemán y Ortega. Otra vez se enfrentarán Dimas y Gestas y obligarán a la gente a votar por el menos malo, porque abstenerse será favorecer al más malo. Así están las cosas, así está planteado el juego de las elecciones: dos opciones y nada más.
La ilusión de una Gran Alianza se disuelve entre las intrigas y caprichos del Mandatario, la incapacidad de organizar una tercera fuerza política que impulsarían los conservadores, y la feria de diputaciones, ministerios y posiciones políticas premiadas con generosas prebendas monetarias de los que buscan alianzas en los dos extremos antagónicos.
¿Qué se puede hacer? ¿qué debe hacer esa masa votante, calculada en el 48 por ciento del total de la fuerza electoral? Su alternativa se plantea en términos angustiosos: si vota debe hacerlo por Dimas o por Gestas; si no vota favorecerá a Gestas. Terrible disyuntiva: una leve esperanza en un extremo, la vuelta al totalitarismo en el otro extremo.
En medidas iguales los rojos y los rojinegros buscan aliados. Cada facción se ha encontrado los suyos aunque no abonan nada al mejoramiento de la imagen electoral de sus receptores. La masa votante está comenzando a centrar la mirada en los dos candidatos que participarán en la liza y menos en los partidos que los patrocinan. Las imágenes que reflejan los partidos importa menos, las imágenes que suscitan interés son las de los dos candidatos. En la justa de noviembre serán los candidatos los competidores, no los partidos. Los votantes también comienzan a evaluar las calidades personales de los hombres-insignia de cada facción en competencia y hacia ellos afluirán los votos.
Desde una perspectiva idealizada la Gran Alianza se concibió para combatir dos males al mismo tiempo, dos males que se parecen mucho, aunque indudablemente uno de ellos es peor que el otro. Verdad irrefragable es que este tipo de alianzas no se construyen sobre reparticiones curuleras y zancudismo; tampoco sobre renuncias hipócritas y fementidos patriotismos. Una Gran Alianza debe construirse sobre una base de igualdad y lealtad entre todas las fuerzas que la integren y nutrirse de postulados firmes y diáfanos. Tal vez estos:
1. Una alianza ética y no política, cuya finalidad primera sea inspirar confianza en los votantes, para lo cual debe presentarles un programa nacional que ellos compartan.
2. Deben participar en la Alianza todas las fuerzas disidentes liberales y sandinistas (no olvidar que los votos de éstos últimos permitieron reformar la constitución en 1995).
3. El programa debe incluir la formación de un gobierno nacional con la participación igualitaria de todas las fuerzas participantes; y cada facción debe concurrir con el mejor material humano de que disponga.
El objetivo final no ha de ser repartir poder, sino responsabilidades en la instalación de un Estado-Nación que elimine la matriz estructural donde se originan los vicios y dolamas de la política tradicional y, a la vez, propicie en forma sostenida el perfeccionamiento de la democracia representativa y participativa.
A pesar de las buenas intenciones y los sueños propositivos, es evidente que no hay ambiente para una alianza generosa y desprendida de intereses ilícitos, ambiciones mezquinas y liderazgos asténicos. El ideal ciudadano no ha evolucionado todavía en la mentalidad nacional. Siguen influyendo en ella la conveniencia, el interés por el botín y el gobierno para beneficio propio.
Gran perdedor en esta jornada ha sido el partido verde. Sus dirigentes, poco experimentados en política, no se percataron que su partido es un instrumento electoral en manos de un gobernante que controla todo el aparato electoral. Cualquiera que sea el camino que sigan los directivos conservadores, el resultado será el mismo: la pérdida de la personería jurídica. Esto garantiza al pacto libero-sandinista que no tendrá como oponente a ninguna alianza grande o pequeña. Evidentemente, la alianza con el PLC les arrebatará la personería jurídica, pero les concederá algunas posiciones nada despreciables.
* El autor es periodista.