Humberto Belli*
Apenas pocos días después de ser juramentado como presidente de los Estados Unidos, George Bush acaba de anunciar en conferencia de prensa los pormenores de un billonario proyecto educativo que está enviando al Congreso. La reforma educativa fue uno de los temas principales de su campaña. Correctamente, él ha percibido que mejorar el rendimiento de los estudiantes norteamericanos, en matemáticas y ciencias, es crucial para mantener la competitividad de su país ante las demás naciones industrializadas.
No hay tiempo que perder, dice Bush. Hay que aumentar de inmediato el financiamiento federal para los programas de lecto-escritura temprana, hay que establecer pruebas regulares en lectura y matemáticas, hay que darle mayor autonomía a las escuelas, y a los padres más opciones.
Con estas acciones el liderazgo norteamericano está mostrando su grado de conciencia con la importancia extraordinaria que tiene la educación en el mundo moderno. Pocos consensos son tan sólidos al comienzo de este siglo como la convicción que la educación es el elemento más determinante del desarrollo.
Un ejemplo fehaciente de esta verdad lo tenemos en Costa Rica. Por más de dos décadas consecutivas, el porcentaje de su producto nacional bruto destinado a la educación ha sido el más alto de Centroamérica. Hoy día los dividendos de esta sabia decisión están a la vista. Hace pocos años INTEL, la multinacional productora de microchips, decidió instalarse donde nuestros vecinos. Una de las razones fue la presencia de una mano de obra capacitada en matemáticas y de un buen número de ingenieros. Hoy día INTEL exporta más de mil millones de dólares al año y genera empleo, directo e indirecto, para aproximadamente 35,000 personas.
El mundo ha cambiado radicalmente desde los tiempos en que nuestros países podían aumentar dramáticamente sus ingresos a través de productos como el algodón, los cuales no requerían mano de obra preparada. Hoy día los países con muchos macheteros sólo tiene como futuro, el espectro de las economías africanas.
¿Tomará conciencia del reto educativo nuestra clase política? Este año electoral es una buena oportunidad para que los candidatos coloquen a la educación en el centro de sus plataformas. Ojalá que la madurez política y cívica de nuestra sociedad fuera tal, que poseer o no un buen plan educativo contase mucho a la hora de elegir presidente. Ojalá que la demanda por dicho plan fuese articulada por todas las fuerzas vivas de la nación; empresarios, periodistas, iglesias, sindicatos, líderes locales, notables, etc.
Que esto ocurra es de suma importancia. De no suceder habríamos perdido una oportunidad preciosa. No es exageración afirmar que gran parte de nuestro futuro, y del futuro de nuestra niñez, depende de que los nicaragüenses hagamos de la educación una prioridad nacional. Y que lo hagamos ya. Saber priorizar es el principio de toda sabiduría. Y hacerlo a tiempo es el principio de la inteligencia.
*El autor es rector de Ave Maria College of the Americas.