Las elecciones primarias sandinistas del domingo 21 de enero fueron desacreditadas por las maniobras fraudulentas denunciadas por diversos miembros de base, dirigentes intermedios y candidatos del mismo FSLN.
Es lamentable que haya ocurrido eso porque, aunque la democracia no se basa sólo en formalidades sino también en valores, la verdad es que en principio es un avance del proceso político nicaragüense que un partido –cualquiera que sea- haga elecciones primarias. Un partido que convoca a sus afiliados y simpatizantes para elegir a los candidatos que presentará en las elecciones nacionales, es mucho más democrático que otro partido que escoge a sus candidatos en una reunión de personas encerradas en la hacienda del patrón del partido y jefe del Gobierno.
Durante la organización de las primarias del domingo pasado los sandinistas hicieron una impresionante demostración propagandística, enseñaron cuantiosos recursos e hicieron uso de una gran habilidad para aprovechar los medios y espacios de comunicación. De modo que a pesar de las denuncias previas de irregularidades que hicieron algunos precandidatos, cabía esperar que la consulta sandinista sería honesta y transparente. Pero no fue así, sencillamente porque en cualquier circunstancia el totalitarismo de derecha o de izquierda hace prevalecer un liderazgo total y absolutista del poderoso y vitalicio jefe del partido, al estilo de los viejos caudillos comunistas Lenin, Stalin, Ho Chi Minh, Mao Tse Tung, Kim Il Sung y Fidel Castro; y de los déspotas nacional-izquierdistas Kadaffi, Hussein y el recientemente asesinado Laurent Kabila, y de los dictadores derechistas Pinochet, Somoza o Trujillo.
Eso es lo único que explica, además, que manipularan al obispo católico Jorge Solórzano, cuyo apoyo no lo necesita Daniel Ortega para demostrar que es el máximo líder del FSLN, tal como lo proclamó con máxima arrogancia un alto dirigente de ese partido. Sin embargo lo manipularon, porque la costumbre totalitaria es más fuerte que el sentido común político.
En realidad, si el ejercicio de participación democrática de las primarias sandinistas hubiese sido limpio y transparente, el FSLN habría podido colocarse ante la opinión pública por encima de los otros partidos políticos que participarán en las próximas elecciones, o sea de los partidos que escogen a sus candidatos en encerronas en la hacienda del mandamás del partido y del gobierno, o en reuniones en las que unos cuantos designan a unos pocos y en los que poderosos magnates deciden las estrategias electorales. Entidades políticas que se ajustan a la sarcástica definición que hiciera Jonathan Swift (l667-1745), el conocido escritor irlandés autor de Los viajes de Gulliver: los partidos políticos son agrupaciones de muchos para el beneficio de unos pocos.
Por otro lado, de menospreciar las posibilidades del FSLN la verdad es que el resultado general de la consulta sandinista del domingo pasado no parece ser favorable para sus expectativas de ganar las elecciones nacionales del próximo mes de noviembre.
En realidad, quienes votaron en la consulta sandinista del domingo pasado fueron prácticamente las mismas personas que votarán por el FSLN en los comicios del próximo noviembre. Inclusive podrían ser menos, puesto que no fueron pocos los ciudadanos despistados que votaron el 21 de enero creyendo que de verdad se trataba de una consulta popular, de todo el pueblo; y además, porque entre los que votaron en las primarias sandinistas había muchos seguidores de otros partidos, que acudieron a votar por Ortega creyendo que el FSLN perderá las elecciones si propone al mismo candidato que ha perdido todas las elecciones verdaderamente libres y limpias en las que se ha presentado.
Según los datos oficiales del FSLN, en las primarias o “consulta popular” del domingo pasado votaron por los precandidatos presidenciales sandinistas menos de 500 mil personas, en contraste con los 617,921 votos que el partido sandinista recogió en las elecciones municipales de noviembre pasado. Estas cifras son un indicativo de lo que le podría ocurrir al FSLN y a Daniel Ortega en las elecciones del próximo noviembre, pues con 500 mil votos los sandinistas no ganarían ni siquiera amparándose en la fórmula del 35% que les regaló el Presidente Arnoldo Alemán, a cambio de la diputación regalada en el próximo período y la promesa incumplida de apoyar la Constituyente.