Ministerio de Predicación“Madre de la Nueva Alianza”
¿Cómo podemos identificar la acción del Espíritu en los distintos profetas? Es difícil que podamos identificarlos con palabras muy concretas, como por ejemplo: “aquí está el Espíritu en este profeta”, o “actúa así porque es inspirado por el Espíritu”. Más bien lo que podemos encontrar son momentos que podemos decir que actúan o hablan así por la fuerza del Espíritu.
Veamos a Elías defendiendo los derechos de Dios ante los 450 profetas de Baal convocados por Jezabel de Tiro (1 Re 18,19-40).
¿Podríamos ver al Espíritu actuando cuando Elías es fortalecido por el ángel (1 Re 19,7) ¿para no seguir descansando sino para continuar con la obra de la defensa de Dios que había iniciado ante los profetas de Baal? ¿No será el Espíritu el que se manifiesta en la cueva (1 Re 19,11-15)?
Sí que encontramos al profeta temeroso ante Dios que se le presenta, ante lo que él se cree indigno (Is. 6,1-13), pero que es purificado para realizar la misión que Dios le tiene preparada. O el profeta que pone de pretexto su juventud para responder a Dios que le ha revelado que desde siempre lo ha tenido consagrado (Jr. 1,4-10), pero para Dios no hay pretexto, pues, ¿no será el Espíritu el que supera el obstáculo de la juventud para mostrarle que con la fuerza del Espíritu puede “extirpar y destruir, perder y derrocar, reconstruir y plantar”?
Lo cierto es que el profeta con la fuerza divina avanza, corre, realiza hazañas y milagros, coge energías para continuar… Es el Espíritu el que les anima para realizar una misión que ha estado fuera de sus propias expectativas personales. Es algo que Dios, por el Espíritu está actuando en ellos.
Ellos, los profetas hablan, transmiten el mensaje que Dios les ha encomendado, aún en contra de su voluntad, porque hay algo, alguien, quizás el Espíritu le ha empujado, le ha hecho hablar y actuar.
Se han perdido en el tiempo la mayoría de ellos, habiendo desaparecido de la misma forma que han aparecido. Porque seguramente sólo han sido instrumento de aquello que el Espíritu ha querido manifestar al pueblo para ayudarles a vivir la ley del Señor, de la que se han apartado por su estilo de vida. Lo cierto es que han sido dóciles a la acción de Dios no en bien propio sino por el bien de los demás, por una apertura del corazón a la Ley de Yahveh, para escribirla allí y que no tengan dificultad de recordarlas para vivirlas, para ser fieles, con una fidelidad sólidamente anclada, al estilo de los profetas. Han desaparecido porque no eran ellos mismos el fin de la misión que realizaban, sino que trasladándonos a Elías y los profetas de Baal, la defensa de los derechos de Dios, de la fidelidad que se merece Dios, del amor que espera ser correspondido de parte de los fieles.
Digamos para concluir que el profetismo necesitó de esa fuerza venida de lo alto, del Espíritu, para llevar a cabo la urgente tarea de conducirlo a la redención que se llevará a efecto mucho después con Jesús, el Hijo de Dios.