Mario Alfaro Alvarado
Gana terreno la idea de una Alianza Nacional. Algunos la consideran una necesidad para continuar en el poder; otros, una necesidad para volver al poder; y una gran mayoría, una necesidad para consolidar la democracia, el orden y la honestidad administrativa.
Tres fuerzas electorales se disputan le arena política mientras avanza el tiempo hacia las elecciones: la fuerza liberal dividida en facciones, una de ellas sometida dócilmente a un caudillo que sueña imponerle a Nicaragua un régimen de “paralelas históricas”. La fuerza sandinista con una parte sometida al caudillismo y otra enfrentada al caudillismo; la primera quiere volver al camino ya andado y la segunda quiere emprender un nuevo camino. Y como un mosaico de organizaciones varias en una sociedad desarticulada, las fuerzas populares carentes por ahora de una divisa que las identifique y cohesione. Para este grupo mayoritario pero inconexo, se ha concebido la formación de una gran Alianza Nacional.
La primera cualidad de esa Gran Alianza Nacional es que posea la virtud de inspirar confianza en la población. No lo conseguirá si se presenta como una alianza electoral para repartir curules y posiciones políticas. Sí lo logrará, si en lugar de una alianza política se ofrece como un compromiso moral para salvar a Nicaragua de la corrupción y el totalitarismo.
En la formación de la Gran Alianza no cuentan los votos porque nadie tiene suficientes para imponerse a los demás. Lo que cuenta es el espacio que cada organización ocupa en la sociedad y en la conciencia nacional. No se hará una Alianza sobre los votos que cada partido o agrupación pretende tener como patrimonio propio, sino sobre el prestigio que cada organización acredita ante la sociedad. El prestigio es un valor que se contabilizará en votos estimulados por la unidad y los votos que reúna la unidad serán votos de la Gran Alianza y no de las facciones que la forman.
El deterioro político, económico y social que sufre Nicaragua desde 1979, ha derivado en un serio problema estructural y moral, que desborda el ámbito estrictamente político y, en consecuencia, su solución está más allá de lo que pueden hacer los partidos políticos. Es así que la solución debe aportarla solidariamente toda la sociedad nicaragüense: partidos, sindicatos, asociaciones civiles, colegios profesionales, universidades y gremios. La solución consiste en construir un nuevo Estado, un Estado-Nación, como está delineado en el documento del Grupo de Reflexión y Participación Ciudadana, publicado recientemente.
Después del qué y el cómo, lo que viene es: ¿para qué debe servir la Gran Alianza Nacional?.
Nicaragua no puede seguir funcionando con un Estado-Partido que nació en el siglo XIX. La Gran Alianza Nacional es para construir un Estado-Nación que enfrente los retos del siglo XXI. Un Estado que haga del voto el elemento sustentador de la democracia y de los derechos ciudadanos de los nicaragüenses. Un Estado donde en forma absoluta no exista la reelección, el nepotismo y las reformas constitucionales a gusto y capricho de los gobernantes. En que estén bien definidos los límites de la inmunidad para que ésta no sea una dispensa para practicar la corrupción en sus mínimos y máximos excesos; donde los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y de la Contraloría, los diputados de la Asamblea nacional y todo el personal administrativo de la nación, no sean empleados personales del Presidente de la República.
Un Estado que libere a la producción y al comercio de las pesadas cargas tributarias y de las onerosas restricciones y controles, para que los nicaragüenses todos puedan labrarse con su trabajo e iniciativa, su propio bienestar. Que el Presupuesto de la República sirva para mejorar la vida de todos los nicaragüenses y que el Presidente de la República no pueda disponer de él como un botín de guerra para repartirlo entre sus servidores incondicionales.
Un Estado, en fin, que sirva a todos los habitantes del país, que respete el derecho al voto y lo garantice con una ley justa y apartidista, con un Consejo Supremo Electoral independiente y apolítico y un sistema electoral como el usado en México en las elecciones que derrotaron al PRI, después de 71 años de dictadura de partido. Un Estado que promueva el desarrollo económico, cultural y social y no lo restrinja para mantener a la población en un estado de vasallaje medieval. Un Estado que rescate al país de la inmoralidad y fomente en la población las virtudes ciudadanas.
Para esto es que Nicaragua, el pueblo nicaragüense, necesita en un caso de vida o muerte, la estructuración de esa Gran Alianza Nacional.
* El autor es periodista.