- El SIDA es un tema al que no se le ha dado la importancia debida, ya que la mayoría de la población no se siente afectada directamente por este flagelo. Sin embargo, es necesario crear una cultura de prevención puesto que el poder devastador de esta epidemia sigue aumentando día a día
- Persiste en el país la negación de la epidemia y no se asocia la estrategia de prevención del SIDA a la estrategia de reducción de la pobreza
Rita Arauz
“Tu hijo recién nacido vivirá 25 años más que tú, gracias al resultado científico alcanzado hoy”, estas palabras del Presidente Clinton al Primer Ministro Británico, pronunciadas al anunciar al mundo que el genoma humano está prácticamente descodificado, contrastan de manera dramática con uno de los efectos del SIDA sobre el desarrollo: la esperanza de vida saludable para los bebés nacidos en países pobres a lo largo de este año 2000 no excede los 40 años.
La pobreza y el SIDA son una asociación mortal. La cadena de consecuencias que trae la epidemia del VIH profundiza la pobreza y hace más difícil erradicarla o reducirla. Las condiciones de pobreza hacen más vulnerable a la población ante la infección por VIH y aumenta la probabilidad de transitar de manera rápida de la fase asintomática a la etapa SIDA. Pobreza y SIDA se refuerzan.
Al declarar el Decenio Internacional para la Erradicación de la Pobreza, 1997-2006, el PNUD ha convertido este combate en su meta principal para el mundo en desarrollo, donde 2,800 millones de personas viven esclavizadas por la pobreza. Debido a que el VIH se está convirtiendo en un agravante de la pobreza y un obstáculo del desarrollo humano, el Premio “Carrera contra la Pobreza 2000” fue dedicado al VIH/SIDA, para centrar la reflexión sobre los estrechos vínculos entre la pobreza y esta epidemia.
Desde hace unos años el Gobierno de Nicaragua prepara una estrategia para reducir la pobreza, en correspondencia con lo expresado por el Grupo Consultivo en las reuniones de Ginebra, Estocolmo y Washington. En este mismo período de tiempo la epidemia del VIH/SIDA ha aumentado más del 100% en nuestro país, según datos oficiales. Sin embargo, persiste en el país la negación de la epidemia y no se asocia la estrategia de prevención del SIDA a la estrategia de reducción de la pobreza.
La pobreza es el principal problema de la sociedad nicaragüense en la actualidad. Los datos indican que en 1998 era pobre casi la mitad de la población de Nicaragua, un 48%; y que el 17% de la población vivía en condiciones de extrema pobreza. La pobreza es más grave en el campo que en la ciudad, más en la Costa Atlántica que en el resto del país.
La línea de pobreza extrema, en este caso, se estableció en relación a la cantidad de calorías necesarias por persona al día, que en Nicaragua se ha calculado en 2,226 calorías. Un 17% de la población en extrema pobreza significa que 830 mil personas gastan todos sus ingresos en comida y aún así no logran cubrir sus necesidades de nutrición mínimas.
Desde una perspectiva de la vulnerabilidad a la epidemia del VIH/SIDA, cualquiera que sea el método para medir la pobreza, ésta constituye un factor decisivo para adoptar comportamientos de riesgo, sobre todo a través del sexo transaccional, es decir, aceptar relaciones sexuales a cambio de comida, licor, un puesto donde pasar la noche o un poco de dinero.
Con relación a su impacto, la infección del VIH hace más profunda la situación de pobreza de las familias, tanto en sus ingresos, como en su capacidad de satisfacer las necesidades básicas, e incluso, como imposibilidad de asegurar el alimento del núcleo familiar, aún después de que uno o algunos de sus miembros fallezcan por el SIDA. Las muertes por SIDA agudizan la pobreza, la dependencia familiar, la desigualdad entre las familias y las comunidades.
En el IDH 2000 (Indice de Desarrollo Humano) Nicaragua ocupa el lugar 116, por debajo de Honduras (113) o Bolivia (114) y por encima de Guatemala (120) o Haití (150). La posición de Nicaragua en el IDH pasó de 60 en 1990 a 127 en 1997 y ha mejorado en los informes de los últimos tres años. Estas posiciones reflejan condiciones de vida muy difíciles para la mayoría de sus habitantes.
Si esto sucede, cuando la epidemia del VIH/SIDA es calificada como naciente, baja o silenciosa, ¿qué sucedería si pasa a ser creciente, como en Honduras o si llega a ser generalizada, como en Sudáfrica, país mejor clasificado que Nicaragua en el IDH (103)?
* La autora es Sicóloga. Premio de Naciones Unidas “Carrera contra la pobreza 2000”.