Federico Dueñas
Decía Adam Smith, el padre de la economía moderna, que si el Estado se ponía a administrar el desierto del Sáhara, en cinco años habría escasez de arena en el mundo. Parece una broma de mal gusto, o un absurdo increíble, pero, ¡cuánta verdad histórica encierra en su contenido! Recordemos los famosos planes económicos quinquenales de José Stalin, ejecutados en contra del miserable pueblo ruso, donde millones de mujiks fueron asesinados en secreto por el bien del partido o, los más modernos programas económicos del eterno Fidel en la Cuba cautiva, de donde si no mal recuerdo, nunca llegaron a cumplir la famosa zafra de diez millones de toneladas de caña de azúcar ofrecida al mundo en los años sesenta.
Para ello vayamos a ejemplos cercanos de absurda y tenaz intervención estatal, a fin de comprender un poco lo que el gran economista Smith quiso comunicarnos. Enitel, este bestial elefante blanco, administrado por el gobierno, que no sólo es ineficiente, costoso, arbitrario, inoperante y, sin embargo, continúa su macabra marcha a pesar de haberse realizado entre tres o cuatro intentos de privatizarlo, con míseros resultados que únicamente pusieron en evidencia ante las empresas telefónicas internacionales la ruindad de su creación, operación y mantenimiento patrocinado por el mismo gobierno. El caso es que el gobierno no ha logrado zafarse de Enitel, para cumplir serios compromisos internacionales del HIPC y, a estas alturas del período alemanista, dudamos mucho sean capaces de hacer otro intento de privatización, pues las licitaciones anteriores dejaron tanto qué desear por su falta de seriedad y profesionalismo, que los temerarios licitantes a estas alturas ya sólo los toman en broma. Muestra de lo mal que anda Enitel son los constantes reclamos y demandas de todo tipo, ya sean laborales, sindicales, de contratistas y empresarios. La última, de los famosos Más Canosa de Miami. Y no se diga del usuario/víctima, quien clama angustioso en contra de las injustas facturas con que permanentemente le flagela dicho ente autónomo.
Por mencionar otro absurdo más de Enitel en la aplicación de tarifas, ¿cómo es posible que aún se cargue servicio medido, o sea que a cada minuto transcurrido se le aplique un costo adicional o incremental? ¡Sólo aquí suceden estos absurdos! En los EE.UU. o en México, por poner un ejemplo, una llamada local, independientemente del tiempo que ocupe, tiene sólo un precio y punto. En el caso de México una llamada local es de $1.20, ya sea que use la línea tres minutos o seis horas. Esto no es para que la línea se ocupe en abuso de hombres y mujeres chismosos, sino para el uso, cada día más frecuente y necesario, del servicio del Internet para agilizar operaciones de negocios nacionales e internacionales, así como de investigación o docencia y acercamiento comunicacional en general del “nica” con el resto del mundo.
En México, Telmex, el gran monopolio privado de la telefonía, este año tuvo que sentir los dolores de la competencia con Avantel. Ya hay dos empresas que pujan por capturar al cliente. Ya te preguntan: ¿Le gustó nuestro servicio? ¿En qué podemos atenderle? Por un sitio se tiene que comenzar, ojalá y pronto ese sitio se encuentre en Nicaragua. Pero aquí mientras Enitel pertenezca al Estado, seguirá siendo otra “caja chica” más de la Presidencia, saqueada por Levyses y Solises, flamantes ‘brothers’ del hombre y, el usuario será quien cargue con el abuso en tarifas. Confiemos que para las elecciones presidenciales del 2001 se apiaden un poco y no nos carguen mucho la mano en abusos de tarifas telefónicas, ahora que a los liberales les fue tan mal el cinco de noviembre pasado. Y Enel? ¿Y Enacal? Y el INSS, Iniser? …
* El autor es administrador de empresas.