El transporte colectivo debe tener sentido de servicio, más que de lucro

  • ¿Cuánto tiempo tendrán que soportar los usuarios para que los conductores de buses manejen a una velocidad estable y esperen con paciencia a que suban y bajen los pasajeros?

Adolfo Bonilla

Los conductores del transporte colectivo (buses y taxis), conocen hasta el último bache de las calles que transitan. Por la cantidad de tiempo que se dedican a manejar adquieren mayor habilidad en ese campo que los otros profesionales del volante y especialmente que el resto de conductores que circulan por las arterias de la ciudad capital.

Quizás por eso llegan a creer que por ese hecho tienen derecho a realizar cualquier tipo de maniobra, en cualquier lugar y en cualquier tipo de circunstancias. Aparentemente, para ellos todo es válido mientras todos salgan ilesos de las pruebas temerarias a que se someten.

En el caso de los buseros, cada vez y cuando se desvían del trayecto normal trazado por la ruta y se meten a cualquier calle, de cualquier manera, por cualquier motivo, violentando las normas tradicionales de prudencia, todo con el consabido pretexto de poder cumplir con el itinerario establecido por la empresa de transportes; sin embargo, detienen la unidad por tiempos prolongados en cualquier lugar y momento que decidan, para luego despegar desaforadamente, a fin de supuestamente cumplir con el tiempo asignado para el recorrido.

Tal vez los choferes en cuestión se imaginan que andan manejando motocicleta y que por consiguiente pueden perfectamente escurrirse por en medio de cualquier portillo que aparezca entre los demás vehículos en circulación, por los lugares más insólitos y peligrosos; o bien pensarán quizás que son aurigas en modernas competencias motorizadas romanas.

Que pongan en peligro sus propias vidas no es ningún problema porque al fin y al cabo cada quien es dueño de hacer de su cuerpo un acordeón, pero donde radica el meollo del asunto es en que con ese estilo de conducción ponen en grave riesgo la integridad física de los pasajeros y de todas las personas que tengan el infortunio de andar cerca en esos instantes. Pareciera que suponen ostentar patente de corso o licencia para matar.

En todo caso, en el supuesto de que estos pilotos se vean forzados a realizar todos estos desmanes (en contra de las leyes y las personas), presionados por el itinerario y las sanciones que se les impone si no lo cumplen, habría que haberlos revisado desde hace lustros o décadas porque no puede ser que un itinerario esté colocado totalmente por encima de las leyes de tránsito y de la vida humana. El itinerario debe estar al servicio de los usuarios y no viceversa. Ya es hora que los choferes de buses hubieran aprendido que no manejan un vehículo automotor cualquiera, sino que se trata de un vehículo de pasajeros, de seres humanos que tienen tanto derecho como ellos y que deben estar al servicio de las personas que pagan para que los transporten de un lugar a otro y no al revés.

¡Qué lejos estamos de lo que debería ser! Pero lo peor es que ninguno de los involucrados en este asunto hace lo necesario para remediar este mal de una vez por todas. ¿Cuánto tiempo (y tormento) tendrán que soportar los usuarios para que algún día llegue al menos la esperanza de que el conductor de bus maneje a una velocidad estable y sin movimientos irreflexivos, que detenga la unidad de transporte en cada parada y que espere con paciencia y comprensión que suban y bajen los pasajeros, especialmente los ciegos, las personas con niños pequeños, ancianos, etc. ¿hasta cuándo?

El itinerario debería tomar en cuenta el tiempo que toma cada una de estas paradas (en horas pico y horas menos traficadas), para eliminar ese pretexto que esgrimen los choferes y así ofrecerle una atención más respetuosa, eficiente y segura a la población.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí