Eduardo Montealegre Rivas*
Cuando asumí el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, un Ministerio que requiere de habilidades forjadas en años de vivencias diplomáticas, con el apoyo de un valioso equipo de jóvenes profesionales de esta institución nos empeñamos en identificar las metas de la Política Exterior que debían ser alcanzadas y definir la manera más eficiente para lograrlo.
a). En el ámbito económico, el objetivo que nos trazamos de contribuir al incremento de las inversiones extranjeras y de nuestra oferta exportable, lo avanzamos sustantivamente con la suscripción de importantes convenios de promoción y garantía recíproca de inversiones con países típicamente exportadores de capital tales como Corea, Alemania Federal, Francia y Suiza y con países de la región, cuyo interés de invertir en Nicaragua se ha puesto antes de manifiesto, tales como la República de Ecuador, Argentina y El Salvador.
De igual forma, logramos negociar o suscribir importantes tratados de libre comercio con países que están llamados a convertirse en importantes socios comerciales de la región, como son las Repúblicas de Chile y Dominicana (con este último, concretamos los Protocolos necesarios para efectivizar los acuerdos de libre comercio).
b). En el ámbito humano, que es como califico nuestra gestión de apoyo y protección a nuestros connacionales en el extranjero, también alcanzamos resultados satisfactorios al lograr la extensión de la Ley Nacara (con los Estados Unidos de América) y la adopción, por parte de la República de Costa Rica, de una importante Ley de Amnistía Migratoria que trajo beneficios a miles de nicaragüenses indocumentados.
Más importante que el aspecto económico que involucra las remesas enviadas por los emigrantes a sus familias en Nicaragua, es el aspecto humano que implica el que tales personas cuenten con un cielo seguro que les cobije mientras el país transita por su recuperación económica.
c). En lo referente a la protección de nuestros recursos naturales —en el marco de nuestras competencias institucionales—, la política territorial jugó un rol de primer orden. Ciertamente, hubiéramos preferido abordar la cuestión de la fijación de fronteras a través de negociaciones diplomáticas que le evitaran al país y a la región centroamericana, los traumas y las convulsiones que se desataron y que todos conocemos. Y si bien es cierto que no estuvo en nuestras manos determinar la forma cómo se desató el contencioso territorial, sí estuvo en nuestras manos el que dicho contencioso se canalizara pacíficamente y por medios jurisdiccionales.
Fue así como, con la convicción que sólo puede resultar de la justicia de nuestros planteamientos, no vacilamos en recurrir unilateralmente a los medios jurisdiccionales provistos por la Corte Centroamericana de Justicia y por la Corte Internacional de La Haya.
En un futuro esta misma actitud, pacífica y legalista, seguirá inspirando las acciones que se adopten en esta delicada materia territorial; toda vez que nuestro país está consciente de que la paz y la legalidad regional sólo dividendos generan para nuestro desarrollo.
d). En el ámbito de la integración regional centroamericana, una primera impresión de los resultados obtenidos al finalizar este período podría inducirnos a concluir que el irrumpimiento del contencioso territorial produjo una situación de crisis que amenaza la subsistencia misma del sistema. No comparto esta visión. Sin dejar de reconocer que el problema de la cesión de recursos centroamericanos a terceros países ajenos a la misma generó elementos de difícil administración, pienso —por el contrario— que la integración regional se vio fortalecida con la apertura de una profunda reflexión alrededor del alcance de la misma y los medios para lograrla.
En efecto, del esquema de integración anterior surgió un nuevo punto de referencia —la Iniciativa Trinacional—, impulsada por las repúblicas de Nicaragua, El Salvador y Guatemala y abierta a los demás países de la región deseosos de sumarse a un esfuerzo honesto de integración regional. Es esta una iniciativa política que, dentro del marco institucional preexistente, vino a renovar el esfuerzo integracionista; sincerándolo, en cuanto a su alcance, y haciéndolo más pragmático, en cuanto a los objetivos concretos a alcanzar y los plazos para su consecución.
De esta iniciativa, han surgido ya proyectos concretos cuya ejecución sólo beneficios puede traer a la región centroamericana; me refiero a los proyectos relativos al establecimiento de trascendentales rutas de transporte (Corredor Interoceánico y Corredor de Transporte Intermodal), y a la apertura de Representaciones Diplomáticas conjuntas cuyas sedes iniciales se han fijado en Alemania Federal y Venezuela.
e). Finalmente, en lo referente al ámbito institucional del Ministerio de Relaciones Exteriores, vemos cómo por primera vez en la historia del país, existe una Ley de Profesionalización del Servicio Exterior. En casi doscientos años de historia republicana, el país jamás contó con el beneficio de una ley que garantice que sus agentes diplomáticos sean personas técnicamente capacitadas para defender y promocionar los más altos intereses de la Nación. Esta ley brindará estabilidad profesional a los funcionarios existentes en la institución y establecerá las bases para una selección objetiva y competitiva de los nuevos funcionarios; los funcionarios del Siglo XXI, con los cuales el país enfrentará una agenda internacional llena de todo tipo de desafíos.
* Resumen del discurso de despedida del exministro de Relaciones Exteriores ante el Cuerpo Diplomático. 5 de octubre de 2000