El matrimonio es para la felicidad

  • Sería fructífero que todos aquellos organismos que favorecen la unión libre y el aborto, destinaran sus recursos a la institución matrimonial y a la estabilidad familiar

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

LO QUE DIOS UNIO, QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?” El les respondió: “¿Qué les mandó Moisés?”. Ellos contestaron: “Moisés permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la mujer”. Jesús les dijo: “Moisés les prescribió esa norma debido a su incapacidad para entender los planes de Dios. Pero desde el principio Dios los creó hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió que no lo separe el hombre”.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo. “Si uno se divorcia con su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio”.

“Dejen que los niños se acerquen a mí; no se lo impidan, porque de ellos es el Reino de Dios. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño no entrará en él”.

Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

Lecturas bíblicas: Gén. 2, 18-24. Hb. 2, 9-11. San Marcos 10, 2-16

El matrimonio es una de las instituciones que está en crisis en el mundo contemporáneo, tanto civil como religioso. Basta medir el índice de divorcios civiles y el descenso de parejas que optan por el matrimonio eclesiástico; esto ha generado indiscutiblemente una crisis en la sociedad con las cifras escalofriantes de familias separadas, inestables, hijos abandonados, madres solteras, etc.

La Iglesia es la institución que siempre tiene al matrimonio y la familia como agenda permanente; sin embargo, hoy nos enfrentamos a una lucha titánica con el mundo; corrientes que imponen otra concepción y conducta acerca de los fines del matrimonio que hoy leemos en el Génesis; en efecto, mientras la concepción bíblica señala como uno de sus fines el calor humano y la solidaridad de la pareja, la mentalidad contemporánea concibe la unión sólo como un encuentro pasajero para el placer, excluyente de cualquier responsabilidad. La gravedad del asunto no está sólo por la orientación que se le quiere dar, sino que se hace a nombre del matrimonio mismo.

Hoy podemos decir que la cultura ha legitimado el adulterio casi como una normal conducta; algunos se amparan al comportamiento machista del hombre y la mujer también lo admite como algo normal; sin embargo, no se puede acallar la conciencia humana y cristiana; ella es la voz de Dios y le grita silenciosamente el camino torcido; pero esto no sólo tiene sus consecuencias cristianas, sino también sociales; podría llamarle la paga del pecado: El que vive en esta situación debe afrontar no sólo gastos económicos en cuanto debe atender varias responsabilidades, sino las consecuencias psíquicas y morales de parte de las familias mismas con las que se involucró: rechazos, celos, resentimientos, etc.

Sería fructífero que todos aquellos organismos que favorecen la unión libre y el aborto, destinaran sus recursos a la institución matrimonial y a la estabilidad familiar, igualmente la Iglesia debe seguir cuidadosamente a las jóvenes parejas que aspiran al sacramento del matrimonio a fin de que no sea una precipitación peligrosa y después podría lamentarse. En cada parroquia debe institucionalizarse la Pastoral Familiar y darle un seguimiento importante al Post-Matrimonio, de manera que seamos una ayuda para su madurez y solidez para los esposos.  

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