Del totalitarismo a los derechos ciudadanos

  • La libertad, no es ni absolutismo ni totalitarismo materialista. Participa de un misterio señorial: creativo y responsabilizante de la sabiduría creadora.

Pablo Antonio Vega

Los absolutismos del poder, como los totalitarismos materialistas conducen a las confrontaciones entre los gobernantes y los derechos políticos de las bases orgánicas de los ciudadanos. De aquí la necesidad de pasar de las confrontaciones absolutistas o totalitarias a la dialéctica siempre creativa y señorial de los Derechos Humanos frente a los privatismos y totalitarismos del poder.

Pareciera que nuestros pueblos, no acaban de salir de los viejos esquemas; colonialistas, de las concepciones liberalistas; absolutistas o totalitarias del poder. Así, los absolutismos de clase o de partido, se imponen sobre los derechos sociales y políticos de todo ciudadano y de todo pueblo. La libertad; no es: ni absolutismo, ni totalitarismo materialista. Participa de un misterio señorial: creativo y responsabilizante de la sabiduría creadora.

El Estado, no es para favorecer el libertinaje amoral y apolítico de las colectividades. Los Derechos Humanos, son comunes a todo ser humano. No garantizar y no promover el cultivo y desarrollo de esas comunes cualidades y derechos, no sólo es contrario a la grandeza señorial de todo ser humano y de todo pueblo, sino contrario además, a la razón misma del Estado. No se puede hablar de humanismo, si no se garantiza y promueve el libre, creativo y ordenado ejercicio de esas señoriales cualidades y responsabilidades, que constituyen la grandeza señorial de todo ser humano. El libertinaje social, económico o gubernamental, es contrario al desarrollo de la identidad política de los pueblos. El materialismo práctico, como el ideológico, es hijo de los absolutismos y totalitarismos que desconocen la grandeza espiritual y señorial de los seres humanos.

Cuando la misma religión, deja de revelar y promover la conciencia señorial, libre y creativa de todo ser humano, es porque se ha convertido en instrumento de colonialismos o de pretendidos privilegios de clase o de grupo, Cristo, no se alió, ni con los césares, ni con los que se limitaban a ofrecerle ofrendas y alabanzas, pero sin limpiar su corazón. No se puede lograr una Real Promoción y Desarrollo de la señorial grandeza de los seres humanos, sin antes despertar y reactivar el dinamismo señorial de las responsabilidades sociales, económicas y políticas de todo ser humano, como de todo pueblo. Las confrontaciones sociales surgen de los absolutismos y totalitarismos del poder.

Si es cierto, que las ideologías materialistas desconocen los misteriosos valores del Espíritu, también tenemos que reconocer que los absolutismos del poder, impiden el cultivo y desarrollo de la señorial grandeza política de los pueblos. La verdadera socialización, no es, ni dominación absolutista ni entreguismo ciego. Exige la interacción en base a comunes derechos y responsabilidades. Las prepotencias absolutistas del poder como las ideologías materialistas y los pretendidos privilegios de casta tratan de destruir la interacción dialéctica entre el Espíritu y la Materia entre el poder y los Derechos Humanos.

Con sobrada razón, tanto los filósofos antiguos como los modernos, reconocen la necesidad de rescatar y activar la grandeza señorial del hombre y de los pueblos. Lo que implica la acción dialéctica entre las tendencias represivas de los absolutismos del poder en contra de las señoriales. Cualidades y responsabilidades de todo ser humano y de todo pueblo. Las confrontaciones miran a la destrucción de sus contrarios, en tanto que la dialéctica busca la interacción en miras a la conformación de un ser, ni mera materia, ni puro espíritu. Crea una nueva identidad, ni puro espíritu, ni mera materia. El humanismo o es conciencia señorial y responsabilizante, o no es humanismo, espíritu y materia, entran en una interacción dialéctica. No de confrontación destructora de uno sobre otro. Este es el misterio señorial de lo humano, partícipe del misterio eterno. Ni el materialismo, ni los angelismos hacen lo humano. No pueden llamarse “humanos”, los que destruyen la grandeza señorial del hombre y de los pueblos.

Las ideologías materialistas, los angelismos espiritualistas, como los pretendidos derechos colonialistas, desconocen la señorial grandeza de todo ser humano. Cualquiera que sea su raza o color o su nivel de desarrollo. Por lo que tan “deshumanizante y disocializante”, son los materialismos como los pseudoespiritualismos y privilegios de clase o de grupos. Todos miran a “privilegiarse” unos pocos, sobre las mayorías. A despojar a los pueblos de su señorial grandeza humana.

Por lo que, para poder pasar de las prepotencias absolutistas y totalitaristas ideológicas, al reconocimiento y desarrollo de los derechos señoriales de todo ser humano, es indispensable despertar, promover y desarrollar la organización de las bases orgánicas de los ciudadanos. No en miras a imponer servilismos de partido, sino en miras, a hacer posible la Real Democratización de los derechos sociales, económicos y políticos de los propios ciudadanos. Incorporar a las diferentes etnias que todavía permanecen como segregadas del común quehacer social, económico y político de nuestra nación.

Los “partidismos” son más bien, como meras opciones en busca de la toma del poder. Lo que realmente nos falta es despertar el sentido señorial de las responsabilidades políticas de todo ciudadano.

* El autor es Obispo Emérito de Juigalpa

Presidente Grupo Millennium.  

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