Las protestas contra el FMI en Praga

  • Las demandas correctivas del “Movimiento para una justicia global”, que tuvo gran protagonismo en las asonadas de Praga, son irrealizables

Emilio Alvarez Montalván

El mundo fue sorprendido la semana pasada por los graves disturbios sucedidos en las calles de Praga. Estábamos acostumbrados a demostraciones contra personajes políticos, pero esta ves las protestas fueron dirigidas a instituciones impersonales. Nos referimos al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, cuyos delegados se preocuparon , no solo por la magnitud de los desórdenes, sino por la calculada coordinación de los participantes, llegados de toda Europa.

¿Por qué contra el Fondo Monetario y el Banco Mundial, instituciones habitualmente asociadas con la ayuda a los países subdesarrollados?. Para los activistas que lucharon contra la Policía en el centro de la capital checa el FMI y el BM son instrumentos de la política económíca neo liberal globalizada, que mantiene amplia la brecha entre países ricos y pobres.

Sin embargo todos están convencidos que si faltasen el FMI y el BM, habría que inventarlos pues sin aquellas instituciones crediticias las crisis financieras no podrían manejarse como aquélla de los años 30 en Norteamérica. En cambio las habidas recientemente en Asia sur oriental (1997), México (1994), Japón (1998) Brasil y Corea del Sur (1999) fueron controladas. La discusión reside más bien en el destino del excedente acumulado por los grandes centros del capitalismo que según sus críticos, debería canalizarse en buena parte a las naciones del tercer mundo.

En realidad la distribución equitativa de la riqueza mundial en un mundo desigual, es materia de vieja controversia. Mas aún, es difícil conseguir y aún medir que los incrementos del PIB vayan directamente a los sectores marginados en vez de engrosar los altos ingresos. Tampoco hay manera de evitar prioridades fijadas por las potencias industriales, que prefirieron atender por razones geopolíticas a Rusia e Indonesia en vez de Rwanda o Sierra Leona

Lo cierto es que por una parte la naturaleza del capitalismo exige ingentes recursos cada vez mayores para expandir a nivel planetario los frutos de la revolución tecnológica. Por otra parte, está la demanda en inversiones sociales del tercer mundo que sigue un ritmo acelerado que debe atenderse con urgencia, no solo por temor a incontrolables estallidos sociales que arruinarían al sistema, sino por solidaridad humana. Son dilemas contradictorios (hasta cuánto retener, hasta cuánto repartir) que exige administrarse por una organización mundial poderosa en recursos bien informada y centralizada, para mantener su liquidez y un justo equilibrio. El caso de Nicaragua es demostrativo: de 1968 a 1995 nuestro país recibió 185 millones de dólares en préstamos del IMF, siendo en 1968 el i.p.c. de 1,821 dólares y 17 años después, solamente reflejó 816 dólares el i.p.c., o sea 55% menos.

Por otra parte está la inevitable globalización que reduce la soberanía de los Estados. Querramos o no, estamos dentro del marco del sistema que controla el G7 más Japón al desaparecer por autodestrucción, el comunismo. Por otra parte, las demandas correctivas que se escuchan como el ¨Movimiento para una justicia global¨ que tuvo gran protagonismo en las asonadas de Praga, son irrealizables. Piden la condonación automática de toda la deuda tercermundista (HIPC); la cancelación del ESAF; pagar reparaciones por daños causados por proyectos mal ejecutados; suspensión de privatizaciones y democratizar la elección de directivos en los altos niveles del sistema.

Esas peticiones ignoran que el tercer mundo también debe hacer su tarea democratizándose, disminuyendo su explosión demográfica y eliminando la corrupción de sus élites impunes, que se apropian de recursos puestos a disposición de los países en extrema miseria. Lo sensato es hacer participar en las decisiones y en diálogo permanente a la sociedad civil y a las ONG. Como dijo Michel Camdessus “si algo hemos aprendido es que la globalización debe ser para todos con una dimensión ética y espiritual”.

* El autor es analista político.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí