El voto de castigo

  • En realidad, de voto de castigo sólo se puede hablar de manera convencional -así como se habla de voto útil, voto cautivo, voto por miedo-, para explicar pautas de comportamiento electoral en situaciones coyunturales

Luis Sánchez [email protected]

Francois de la Rochefoucauld (1613-1680), el célebre escritor político francés que adversó al cardenal Richelieu (Armand Jean du Plessis) cuando éste era el primer ministro de hecho del rey Luis XIII, dijo en una de sus célebres Máximas que los seres humanos, “aunque amamos a nuestros amigos, odiamos más a nuestros enemigos”.

De ese principio de La Rochefoucald, si fuera correcta tal tipificación de la naturaleza humana, se derivaría que las decisiones que las personas adoptan en sentido negativo resultan ser más eficaces que las que toman en sentido positivo. Y aplicado el punto a las decisiones electorales, se justificaría entonces la estrategia de promover el llamado voto de castigo.

Como se sabe, en la actual campaña electoral para los comicios municipales del próximo 5 de noviembre, uno de los cuatro partidos participantes (el Conservador) está pidiendo a los ciudadanos que castiguen al pacto y la corrupción con el voto en contra de los partidos Liberal Constitucionalista y FSLN, que son los pactistas, y que en consecuencia voten por los candidatos conservadores.

Hablar de voto de castigo parece ser un contrasentido, si se considera que el voto por su propia definición y naturaleza es manifestación de una voluntad positiva. En efecto, el voto nació en tiempos muy antiguos como un acto esencialmente positivo, como ofrenda humana a los dioses para aplacar su furia y obtener su benevolencia. Ahora el voto conserva su carácter religioso pero tiene también un contenido político. Es decir, que el voto sigue siendo ofrenda a Dios, promesa de los creyentes a las imágenes milagrosas y el compromiso de obediencia, castidad y pobreza de los religiosos (sacerdotes y monjas); y por otra parte el voto es expresión de una decisión individual y acto colectivo a la vez de pronunciarse las personas sobre un asunto, o elegir a las autoridades de una nación o de cualquier corporación, asociación gremial o grupo social.

En realidad, de voto de castigo sólo se puede hablar de manera convencional -así como se habla de voto útil, voto cautivo, voto por miedo-, para explicar pautas de comportamiento electoral en situaciones coyunturales. Lo cual es diferente al voto en su sentido técnico, de manifestación material del sufragio en distintos tipos: votos público, secreto, censatario, reforzado, universal, libre, restringido, nominal, de lista, personal, delegado, directo, indirecto, etc.

Se dice que los electores ejercen un voto de castigo cuando hay una inconformidad generalizada con los partidos que tradicionalmente o en los últimos tiempos han gobernado el país, y los rechazan en las elecciones. En realidad es una actitud positiva porque se desecha lo malo y corrupto. Lo malo sería el no voto, o sea la abstención, pues, como lo advirtiera hace más de siglo y medio Alexis de Tocqueville (La democracia americana), la indiferencia o el desprecio al voto es uno de los mayores peligros que puede afrontar una democracia. Tocqueville se refería a que la negativa de los ciudadanos a ejercer su derecho a votar porque creen que todos los políticos son igualmente sinvergüenzas y no vale la pena votar por ninguno de ellos, favorece que lleguen más fácilmente al poder individuos inescrupulosos y grupos minoritarios de aventureros que carecen de principios y sólo buscan hacer del Estado un botín o un medio de opresión.

Como se sabe, en las elecciones de 1996 la estrategia del voto por miedo polarizó electoralmente a la sociedad nicaragüense. Una parte de la población, mayoritaria, se volcó a votar por el Partido Liberal Constitucionalista y Arnoldo Alemán para Presidente de Nicaragua, por miedo a que los sandinistas volvieran al poder. Y la otra parte de la gente votó también masivamente por el FSLN, por miedo al regreso del somocismo al poder con el PLC y Arnoldo Alemán. Sin embargo ambos partidos y líderes terminaron comiendo en el mismo plato de los cargos públicos más lucrativos e influyentes.

Ahora vuelven a agitar los mismos espantajos para meter miedo a los votantes y conducirlos a una polarización igual o parecida a la de 1996. Sin embargo la tesis del voto castigo parece estar cogiendo fuerza y seduciendo a muchísimos ciudadanos que están indignados con la corrupción y el pactismo. Y el principio que La Rochefoucauld planteó hace casi 400 años, de que a los humanos los motiva más el odio a los enemigos que el amor a los amigos y que por lo tanto es más fácil decidir en negativo que en positivo, cobra una gran vigencia ahora en Nicaragua. Así anduvimos y seguimos andando.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí