Lecciones y elecciones

Algunos analistas internacionales critican a la Unión Europea y a Estados Unidos de Norteamérica, por su actitud hacia Yugoslavia a la que mantienen embargada desde antes de la guerra de Kosovo del año pasado, y a cuyo presidente Slobodan Milosevic están presionando para que abandone el poder, en contraste con la tolerancia de los mismos gobiernos occidentales hacia la dictadura iraquí de Saddam Hussein. La diferencia, aseguran, deviene de que Iraq es un país petrolero y Serbia o Yugoslavia no.

Como sea, es muy importante, por lo ejemplar, el rechazo de la Unión Europea y del Occidente democrático en general a la dictadura de Slobodan Milosevic. En este sentido fue particularmente significativa la advertencia que hizo la Unión Europea antes de la elección presidencial del pasado domingo 24 de septiembre en Yugoslavia, de que sólo se le levantaría el embargo si la oposición democrática ganaba las elecciones y el dictador Milosevic entrega el poder. También es primordial la presión que está ejerciendo el gobierno de Estados Unidos sobre el dictador comunista serbio, para que reconozca el triunfo total de la oposición en las elecciones del domingo pasado, entregue el poder y permita al país abrirse a una transición democrática y reconstrucción socio-económica que es urgente e imperiosamente necesaria.

La verdad es que no sólo en el caso de Yugoslavia la comunidad internacional no debería apoyar en ninguna forma a los regímenes tanto dictatoriales como corruptos, aunque algunos de estos últimos se revistan de formalidades democráticas. No se les debe apoyar ni siquiera con el socorrido pretexto de la ayuda humanitaria, la cual puede canalizarse directamente a quienes la necesitan, en vez de entregarla a los gobernantes autoritarios y corruptos que de una u otra forma la desvían hacia sus cuentas particulares o la aprovechan para presentarse demagógicamente como insustituibles realizadores de obras.

En el caso específico de Yugoslavia, es obvio que si no hubiese sido por la presión de la Unión Europea y de Estados Unidos de Norteamérica el gobierno dictatorial no hubiese admitido el triunfo del candidato presidencial de la oposición democrática, Vojislav Kostunica, en las elecciones del domingo pasado con el 48.22% de los votos, contra el 40.23% de Milosevic, según el resultado oficial reconocido por la Comisión Electoral Federal de Yugoslavia. Pero Milosevic insiste en que se debe acudir a una segunda vuelta electoral que de acuerdo con la ley yugoslava sería el próximo 8 de octubre.

A pesar de que Milosevic no tiene mucho espacio de maniobra, se empeña en ganar tiempo y seguir en el poder a toda costa, con la esperanza de que de aquí al 8 octubre pudiera ocurrir algún “milagro” comunista, o tal vez maquinando recurrir a una acción de fuerza que a última hora impida la celebración de la segunda ronda electoral. Lo cual es rechazado rotundamente por la oposición democrática que lidera Vojislav Kostunica, abogado, de 56 años, presidente del Partido Democrático Serbio que a su vez encabeza una amplia alianza democrática nacional.

De manera que la presión internacional debe continuar sobre la dictadura de Slobodan Milosevic, quien fue condenado por el Tribunal Internacional de La Haya como criminal de guerra y sólo le queda la opción de refugiarse en Rusia, uno de los pocos países que lo apoya más por conveniencias geopolíticas y raíces históricas que por afinidades ideológicas.

La democracia, la libertad y la dignidad humana no son asuntos de la incumbencia exclusiva del individuo o la nación que las disfrutan o que no las tienen. Es un problema que atañe a toda la humanidad, y en nuestra época la única intervención extranjera admisible en los asuntos internos de cualquier país o nación, es la que ayuda a un pueblo a liberarse de gobernantes despóticos o corruptos. Ningun país decente debería seguir ayudando a que se mantengan en el poder dichos gobernantes dictatoriales y corruptos.  

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