Hay que saber aceptar el revés

Freddy [email protected]

Cuando uno en la vida hace las cosas inadecuadamente, no se puede esperar un triunfo de algo para lo cual no se ha hecho mérito y que por el contrario, se ha actuado para perder. Entonces, lo que sobreviene a lo no acertado, es un revés, una derrota que en todo caso hay que saber aceptar.

Una vez enfrente de la derrota, hay que conservar mucho la calma, tener bien puesta la cabeza sobre los hombros, que nuestra inteligencia funcione a toda su capacidad y pensar con solidez sobre los futuros actos que no se deben detener. Las batallas tienen que seguir siendo enfrentadas.

El triunfador seguramente disfrutará de su victoria, se sentirá bien y como es lógico, el ambiente de tranquilidad campeará alrededor del mismo y de quien o quienes lo ayudaron a obtener el logro. Cabe señalar que muchas veces el perdedor colabora para el triunfo del adversario y le lleva a este último hasta su escenario el logro que quizás antes no se imaginaba, pero que ahora lo tiene con él.

Cuando la pérdida de alguien o algo que para el ser humano significa mucho, lo estremece y le pulveriza su mundo interior hasta dejarle vacío, no queda más que sobreponerse, superar con un temple de acero y dar pasos de gigante con mucha firmeza y seguir construyendo esa grandeza con que uno sueña.

Uno en la vida debe aprender a obtener verdaderos triunfos y no victorias pírricas, porque éstas son efímeras, superficiales y se convierten en un espejismo que si no son previstas, el golpe es peor. Las victorias pírricas desgastan y uno no debe una y otra vez hacer lo mismo para experimentar qué pasa fuera de la dirección trazada hacia una meta.

Las metas en la vida a veces están cerca, distantes o lejanas, pero siempre se pueden alcanzar; lo único es que con paciencia y actuar inteligente se llega a esa meta anhelada. El camino hacia la meta está lleno de obstáculos y es allí donde el ser humano debe ser muy inteligente y saber alcanzar un verdadero triunfo.

A veces creemos que por tener lo que antes no teníamos o no nos daban y saborear una nueva realidad, hemos avanzado hacia la verdadera meta; eso es como cuando una competencia de atletas se debe desarrollar de manera normal y alguien llegó a la meta de una forma no estipulada. Quizás para el triunfador sea válida.

Uno no debe actuar en la vida como alguien que cree tener en sus manos a un pajarito, pero que en realidad el ave está enjaulada. Una vez que se abre la jaula, el pajarito se va y allí uno se da cuenta que su realidad era otra. Por tanto, el pajarito debe volar y no mantenerse en cautiverio. Con la jaula abierta, que él decida si se va o se queda.  

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