Federico Dueñas de la Peña
No dejo de estremecerme y preocuparme por los negativos efectos consecuentes de la tremenda sacudida que está sufriendo en credibilidad el maltrecho (y juvenil) sistema bancario nacional a raíz del triste asunto de la intervención del Estado al Interbank sobre el ánimo del incipiente inversionista y del sector privado en general. Me preocupa mucho, no porque yo sea accionista de ningún banco, ni tenga intereses ocultos en negociaciones o préstamos turbulentos de índole bancario. Lo que me inquieta realmente son las funestas consecuencias que surjan al politizarse drásticamente el presunto desfalco de los “Leñadores Millonarios”, como políticos importantes (no necesariamente inteligentes ni bien intencionados, pero sí buenos de “bocones”) aprovechan este triste asunto para incrementar el pánico financiero y la huida de capitales al extranjero con declaraciones mordaces e insinuantes sobre supuestos problemas similares en al menos siete bancos más del país.
Dice el sapiente Dr. Noel Ramírez, presidente del Banco Central, que como resultante del problema del Interbank apenas se movieron como 50 millones de dólares, cuarenta de ellos a otros bancos locales y sólo 10 rumbo al extranjero. Que todo está bien, que todo está bajo control y, que tiene (¡¡¡siempre!!!) planes alternos para cualquier contingencia que pudiera presentarse (o nos podamos imaginar). ¡Qué bueno, ahora sí ya podemos dormir tranquilos!. Sin embargo hay gente escéptica (casualmente casi siempre adinerada) la que, en prudencia, prefiere ante cualquier voz de alerta económica, poner su dinerito a buen resguardo por un tiempo razonable en espera que los signos de estabilidad económica le animen nuevamente a cordobizar sus dólares o a traerlos nuevamente al país.
¿Cuánto tiempo puede esperar el dueño del dinero? En espacio de tiempo ¿Cuánto…? Evidentemente mucho más que el pobre asalariado, el campesino y el burócrata. Mientras tanto el sangrado córdoba acelera su carrera devaluatoria contra el dólar en perjuicio directo del salario real del indefenso trabajador. Los préstamos se reducen y el circulante disminuye. Consecuentemente el empresario, sin fuentes adecuadas de financiamiento, reduce sus compras, bajan sus ventas y corremos el riesgo de un drástico freno económico, que aunado a la reducción de donaciones internacionales, a una baja producción nacional (en el período exportaremos no más de 600 millones de dólares y necesitamos importaciones mínimas de 1,600), al pago de la deuda extranjera etc., etc., etc… De manera que si el problema del Interbank “movió” 50 millones de dólares, que representan casi el diez por ciento de las actuales exportaciones, y según este político atrevido, hay al menos otros siete bancos con problemas similares o peores, estamos hablando de al menos otros 350 millones de dólares en entredicho, lo cual puede fácilmente ser un absurdo o una tremenda burla al Estado y a la población en general.
El politizar gratuitamente un problema bancario en vísperas de elecciones municipales puede considerarse una acción vil y despiadada con consecuencias imprevisibles en perjuicio de la economía del país. No dejemos que nos engañen personas de conocida trayectoria depredadora y bucanera. El país sufre de muchos problemas y todos los resentimos en mayor o menor grado. Mayor, cuando no hay acceso a “raterías” ni a “zarpazos” de indemnizaciones millonarias, ni arteros “bayronazos” y, menor cuando el salario congelado se aleja cada día más y más de la famosa burlesca “Canasta Básica” mientras el país continúa estancado en su producción nacional.
La Prudencia en boca de los políticos debiera ser una regla fundamental. Desdichadamente nuestros criollos políticos latinos todavía consideran que el Estado es una inagotable fuente de riqueza expuesta a rapiña ilimitada, a la que sólo tienen acceso los más “listos”, sin considerar que el Estado se nutre de los impuestos que extraen, sangran al cautivo ciudadano. Que es dinero producto de una imposición, muchas veces inconsulta, al ciudadano y, que ese dinero debiera ser sagrado y, por ello destinado a paliar los males más grandes de los menos favorecidos por la diosa fortuna. Hablamos de salud, educación, vivienda digna, seguridad pública, y de todo programa social que promovido por el Estado que beneficie directamente a quienes más lo necesitan. No es un orgullo ser un país tan pobre como Haití, con mansiones palaciegas de verano en Pochomil Viejo. ¡No se vale!… Bien lo dijo un tal Séneca “El que es prudente es moderado; el que es moderado es constante; el que es constante es imperturbable; el que es imperturbable vive sin tristeza; el que vive sin tristeza es feliz; luego el Prudente es feliz”, ¡Pobres infelices e imprudentes políticos! (lo último, lo digo yo).
* El autor es administrador de empresas.