- Este término es algo así como la clave para conocer por qué en Nicaragua el corcho se hunde y el plomo flota, o por qué al honesto se le llama dundo y al ladrón se le llama vivo
Jorge Salaverry
Todos los días es posible aprender algo nuevo
si uno permanece atento. Así, por ejemplo, hace nueve días –durante la Convención del Sector Privado–, me tocó aprender que Nicaragua es un país “asimétrico”. Lo dijo el Presidente Alemán en su extraño discurso.
De nuestra Nicaragua había escuchado decir muchas cosas: que es un país hermoso, que es un país acogedor, que es violento, que es pobre, caliente, increíble, bello, divertido, surrealista, enredado, etcétera, etcétera, pero… ¿asimétrico?
No hay duda que todas las descripciones más usuales de Nicaragua tienen algo, poco, o mucho de verdad, pero cuando escuché al presidente decir que el nuestro es un país “asimétrico”, me dije a mí mismo: Vaya, sólo eso nos faltaba; ahora resulta que somos “asimétricos”. Es posible que a estas alturas, usted, apreciado lector, se estará preguntando qué es lo que significa ser un país asimétrico, pero por favor, no se le ocurra preguntármelo a mí, porque tendría que decirle que no lo sé, y ni siquiera le podría sugerir que llamara al presidente durante uno de sus programas “cara al pueblo” de los lunes por la tarde para que él se lo explicara, porque me temo que él tampoco lo sabe.
Aún así, debo confesar algo: que me gusta cómo suena esa nueva descripción. Lo invito a usted a decirla en voz alta y verá lo bonito que suena: “Nicaragua es un país asimétrico”. De seguro que me dirá que sigue sin entender el significado ¡Pero qué importa eso! ¿Acaso tiene que ser comprensible todo lo que se dice o sucede en nuestro amado país? Apreciemos más bien que finalmente alguien logró acuñar un término que podremos usar para explicar lo inexplicable. Es algo así como la clave para conocer por qué en Nicaragua el corcho se hunde y el plomo flota, o por qué al honesto se le llama dundo y al ladrón se le llama vivo, o por qué a un funcionario público se le tiene que dar una liquidación millonaria, o por qué… bueno… lo que a uno se le ocurra.
Yo, por ejemplo, tengo varias semanas de estar tratando de explicarme por qué el Gobierno se ha quedado cruzado de brazos ante el caso de unos inversionistas extranjeros que, haciendo gala de una temeridad empresarial inaudita, insisten en querer construir en una isla de nuestro mar Caribe un hotel de lujo, pero que hasta ahora no han podido hacerlo porque algunos individuos, interesados en mantener a los isleños pobres y dependientes, le han puesto todas las trabas imaginables y no imaginables para que la inversión no se realice. También me pregunto por qué ninguna organización del sector privado se ha preocupado de conocer sobre ese asunto, o por qué los medios de comunicación se han descuidado de darle el debido seguimiento.
¿No es acaso cierto que todos gritamos a los cuatro vientos que queremos que venga la inversión extranjera a nuestro país? Pero cuando a algunos ilustres despistados procedentes de lejanas tierras, que han escogido a Nicaragua –¡de entre unos 150 países que hay en el mundo!–, para invertir su dinero, se les impide que lo hagan, y nos quedamos tranquilos, me pregunto: ¿no será que ese hecho pone en evidencia que nuestro manifiesto deseo de atraer inversiones es una postura tan hueca como lo es un coco después de caer en manos de un sediento?
¡Ah!, pero ya me imagino la inquietud y el desasosiego que causaría entre nuestros gobernantes, entre nuestro sector privado, entre nuestros periodistas, y entre los autonombrados representantes de la sociedad civil, si se llegaran a enterar que cualquier país, agencia cooperante, o institución financiera internacional, decidiera suspenderle, retenerle o reducirle a Nicaragua aunque fueran 100 mil dólares de “ayuda”. Apuesto lo que sea –y sin temor a equivocarme– que todos ellos se pondrían en movimiento para saber el porqué del asunto. Pero que se detenga el progreso de nuestro país por la mentalidad antidesarrollista de unos cuantos individuos que campantemente impiden la inversión de tres millones de dólares, bueno… eso nos tiene sin cuidado. ¿Cómo entender eso?
Usualmente esas cosas me frustran, pero, de ahora en adelante ya sé qué es lo que tengo que hacer cuando esté tratando de explicarme algo y no lo logre. No tendré más que recordar las palabras de nuestro presidente: que Nicaragua es un “país asimétrico”, y poder así –al menos– quedar tranquilo en mi incapacidad de comprensión.
* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.