Fernando Centeno
El reclamo de los buseros debido a las multas aplicadas por los policías de tránsito en los últimos meses es justo, como sería justo también el reclamo de los taxista, los abogados, médicos, los periodistas, los panaderos, los camioneteros, o cualquier otra persona que conduzca vehículo y resulte afectada por una multa impuesta por los ordenadores en las calles o carreteras.
La Constitución establece que todos los nicaragüenses somos iguales ante la ley y por lo tanto tenemos el derecho a reclamar o hacer peticiones ante las autoridades.
Pero ¿quién reclama a los buseros? Quién reclama cuando los conductores de estos vehículos violan la Ley de Tránsito al irrespetar las señales, detenerse donde se les antoja y sonar sus estruendosas bocinas en cualquier lugar a cualquier horas?.
¿Quién reclamará a los buseros por los 408 accidentes reportados en el primer semestre del año lo que equivale a 68 accidentes mensuales con un resultado de cinco personas muertas y 13 heridos?
Según datos del Instituto de Transporte circulan diariamente en Managua un promedio de mil unidades lo que significa que cuatro de cada diez (¡casi la mitad!) se han visto involucradas en accidentes que en algunos casos han sido mortales.
Los buseros tienen todo el derecho de reclamar por las 600 multas aplicadas en los últimos meses pero evidentemente ya existe otra violación más a la ley por cuanto la misma establece que las multas deben cancelarse quince días después de impuestas, lo que quiere decir que muchos de estos o centenares, están conduciendo sin ninguna autorización, y algunos hasta con varias multas en las boletas.
Está claro que una multa de 1,200, de 600 o en todo caso de 300 córdobas afecta la economía de cualquier conductor, en especial de los buseros o de los taxistas cuyos ingresos dependen de un trabajo fatigoso, arriesgado y a veces incomprendidos pero de ninguna forma se puede justificar el alto número de accidentes provocados por la forma agresiva de conducir de la mayoría de ellos.
Las autoridades de tránsito han manifestado que revisarán las multas impuestas a los buseros caso por caso, lo cual no quiere decir que se pretenda establecer un peligroso precedente para hacer lo mismo cada vez que el número de buseros multados lleguen a la misma cantidad o quizás mayor. Igualmente debe de considerarse si la mejor manera de disminuir el número de accidentes e infracciones son las costosas sanciones o si urge una mejor campaña de educación, de relaciones humanas pero sobre todo una amplia comprensión del concepto del amor a la vida tanto de los propios conductores como a los usuarios o a los peatones.
El resultado en víctimas humanas y daños físicos por los 408 accidentes provocados por los buseros en el primer semestre del año nos obliga a preguntar si es realmente justo el reclamo de los mismos o sería mejor preguntarse ¿quién debería de reclamar a los buseros?
* El autor es abogado y periodista.