¿Es posible volver a encarnar?

María anda preocupada desde que escuchó en una clase que los seres humanos al morir, tenemos un alma que según se comporte va al cielo o vuelve a ser enviada a la Tierra a otro cuerpo para que pague sus delitos, si no se enmienda, entonces terminará en un animal. Claro está, María estaba medio dormida en su clase de filosofía antigua donde la maestra explicaba la palingenesia (transmigración de las almas) en Pitágoras. Pitágoras afirmaba en el siglo IV a.C., que: «el alma es emanación de lo divino, por tanto es inmortal, se halla en el cuerpo como castigo de una culpa anterior y después de la muerte tendrá que pasar por otros cuerpos, de hombres y animales, hasta que retorne purificada». Pero lo que asustó a María, se encuentra diseminado en el mundo por una invasión de filosofías y religiones orientalistas, que perfectamente se dan la mano con una amorfa amalgama de ideas “sincretistas” contenidas en lo que se llama New Age o Quinesiología. Estas creencias orientalitas, pseudo filosóficas y pseudo religiosas inundan nuestro mundo, hasta el punto que existe un rebrote de neopaganismo en el mundo. La idea de alma de Pitágoras es incompatible e irreconciliable con la doctrina cristiana sobre el alma. En primer lugar, el alma si bien es cierto es espiritual e inmortal, no es una emanación divina, el hombre no es ‘algo’ -en sentido de parte-, de Dios, no es ‘Dios’. La doctrina cristiana enseña que cada uno porta un alma inmortal, que es única, simple, irrepetible e indivisible. Nuestra alma es un constitutivo esencial de nuestra persona, de lo que somos y existe, por la intervención de un acto creador de Dios. El alma no la aporta el papá y la mamá, sino Dios en el momento que se une el óvulo y el esperma y se forma el cigoto, aparece un ser único, irrepetible amado de tal modo por Dios, que le llama de la potencia al acto; del no ser aún, al ser desde el momento de la concepción. Entonces no existe un determinado número de almas que están subiendo y bajando, muriendo y reencarnando.

¡Somos especiales a los ojos de Dios porque nos ha hecho para El! No valemos igual que los animales, no vale igual una lagartija que un bebito, ni un ratón que un anciano: ¡Dios se ha hecho hombre y su dignidad le viene de ser la única criatura hecha a imagen y semejanza de Dios! Por eso quien no come carne porque esos animales tienen alma, están en un error, ya que no es lo mismo reencarnar, que resucitar, Jesús resucitó, no reencarnó. Nosotros resucitaremos no reencarnaremos. Es indigno de la revelación que Dios ha hecho de sí en la Sagrada Escritura, que a estas alturas todavía andemos creyendo en ideas que a todas luces la teodicea y la teología han demostrado satisfactoriamente que no existen.

Pero es que hay gente que quiere leer su futuro en las estrellas, pero no quiere someterse al Dios que las hizo. Hay quien desea maniatar a un ángel con el que quiere hablar, pero no quiere someterse ante quien se postran los tronos, principados y potestades angélicas, porque fueron creadas por y para él. Hay quien no tiene empacho en leer horóscopos, pero ni siquiera hojean la Biblia.

Hermanos, Dios resucitó y nosotros resucitaremos con él, usted no reencarnará, resucitará, para felicidad eterna que llamamos cielo, o la infelicidad eterna que llamamos infierno, según usted haya adecuado su vida a un Dios que no se ha reservado ni a su propio Hijo, para que seamos salvos.

Si tú crees, verás la gloria de Dios.

* Ministerio Arquidiocesano de Predicación Madre de la Nueva Alianza.  

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