Esperanza de democracia para Chiapas

  • Si el pueblo mexicano logró ingresar al mundo de la democracia ¿por qué en otros países hermanos aún no se sigue este bello ejemplo?

Federico Dueñas de la Peña

Podría producirse un cambio democrático en Chiapas como producto de las elecciones para el domingo próximo, con la eventual victoria del senador Pablo Salazar Mendiguchía, candidato de la Alianza por México (PAN, PRD, RVE MPT, PCD, PAS, PSN y Convergencia Democrática.

Ese conflictivo estado sureño de México bien puede encaminarse a la tan esperada paz social en desarrollo y con respeto a las etnias y culturas que allí prevalecen. Del mismo modo, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ya no tendría más argumentos para continuar su lucha armada contra lo que en enero del 90 era un régimen centralista, totalitario, corrupto e intransigente como lo fue el PRI en ese entonces y enfáticamente en ese estado, al grado de llegar a incumplirse serios acuerdos de paz firmados por el mismo presidente Ernesto Zedillo, como el acuerdo de San José Larrainzar.

El mérito (reflejado en las encuestas de opinión) de Salazar Mendiguchía consistió en unificar criterios de las diversas fuerzas opositoras en un proyecto conjunto de partidos que, cansados de luchar independientemente contra el PRI, no ubicaban puntos de unión confiables entre ellos mismos que les permitieran un espacio adecuado dentro del escenario político chiapaneco, para actuar de manera holgada a pesar de la constante presión guerrerista del mismo FZLN.

La Alianza por México en Chiapas, como genuina y democrática opción electoral despertó la esperanza en el votante después del apoteósico éxito de Vicente Fox el pasado dos de julio, al derrotar en las elecciones presidenciales a Francisco Labastida Ochoa, candidato del poderoso PRI. Elecciones que infundieron respeto en el ámbito democrático mundial por su auténtica legalidad, por la madurez cívica del ciudadano elector, y por la honrosa aceptación de la derrota del PRIgobierno perdedor, que se traduce en una transición de gobierno pacífica (hasta la fecha) y viril. La esperanza de elecciones libres, limpias, transparentes y legítimas en Chiapas son un aval, una garantía de que el ampuloso aparato PRIgubernamental no desviará con sus tradicionales triquiñuelas la voluntad popular del voto secreto, en el que es, quizás, el estado más conflictivo de la república mexicana, al que, irónicamente, la Federación ha canalizado proporcionalmente mayores recursos presidenciales sin beneficio tangible para la población en general, más bien estos fondos han servido para apuntalar con mayor firmeza a los líderes y caciques locales objeto del repudio por parte del resto de la población.

La importancia del voto auténtico, libre y secreto, dentro de un amplio programa dirigido y controlado por un selecto grupo de ciudadanos notables y apolíticos, abierto a cualquier tipo de supervisión, tanto local, como internacional, es ya una fiel y tangible garantía que México perfectamente puede exportar a sus países hermanos del hemisferio. México ahora sí puede decir con orgullo, que por fin, gracias a un Instituto Federal Electoral (IFE) conformado por la misma hambre de justicia social y democracia, el votante logró desplazar en forma cívica a la tiranía priísta que le oprimió y explotó al cansancio por más de siete décadas. Si el pueblo mexicano logró ingresar al mundo de la democracia ¿por qué en otros países hermanos aún no se sigue este bello ejemplo?

Las últimas elecciones presidenciales aztecas han ganado su primera batalla, la cívica, ahora será función y obligación del presidente entrante, Vicente Fox, el gobernar en cumplimiento de sus ofertas de campaña con un equipo honesto para el bien de la nación. Hay oferta de acabar con la corrupción gubernamental, de sanear a la seguridad pública, de incrementar sustancialmente las áreas de salud y educación. Todo ello muy bonito …Pero. Pero vamos a ver si Fox cumple, o bien a, ver si su gente y sus enemigos políticos le permiten que cumpla. Si esto llega a suceder el pueblo mexicano entonces sí puede sentirse orgulloso de su valor cívico. Es éste ahora el segundo gran reto de México.

* Administrador de empresas.  

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