China, Taiwan y Nicaragua

  • Ambos han usado la chequera para reconocer el “internacionalismo proletario” la una y la “solidaridad anticomunista”, la otra

Róger A. [email protected]

La diplomacia es el símbolo más importante de un Estado soberano independiente, por lo que el trabajo diplomático debe ser reforzado para reafirmar la soberanía de un país. Sin independencia económica no hay independencia política. Nicaragua, postrada económicamente desde hace dos décadas, no ha podido ejercer sus derechos soberanos a plenitud.

La pobreza de su economía, de su producción y sus ingresos, hace que el Estado dependa de recursos del ahorro de países extranjeros. Los gobernantes sienten depender de los prestamistas y acreedores internacionales más que de sus propios ciudadanos. Desde hace dos décadas, corren a Moscú, a La Habana, a Washington y donde sea, para explicar que necesitan recursos. Los grandes designios y “estrategias” de desarrollo los van a exponer a ellos.

En veinte años, mil millones de dólares por año han ido a parar a quien sabe qué bolsillos. Nicaragua tiene firmados pagarés por unos 7 mil millones de deuda externa.

Lógicamente, las prioridades están invertidas: en Nicaragua se paga la deuda y el pueblo se muere de hambre y no hay para dotar de medicinas a los centros de salud y los niños no van a la escuela. Para “vender” el país dicen que tenemos tierras fértiles no cultivadas, pero los cerebros de los nicaragüenses los tenemos aún más incultivados y están emigrando.

China y Taiwan están en una carrera hacia la consolidación de sus posiciones internacionales en detrimento recíproco, pero están dialogando y se dirigen hacia la reunificación más temprano que tarde. Hong Kong ya ha dado la pauta.

China es hoy “socialista de mercado” y tiende a convertirse en la zona franca más grande del mundo, contra lo cual Taiwan no podrá competir. China es reconocida por Estados Unidos y éste apoya su ingreso la Organización Mundial de Comercio. China es miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con derecho a veto. Taiwan, una isla rebelde, dirigida por los emigrados anticomunistas de Chiang Kai Shek, sólo es reconocida por 29 países.

Ambos han usado la chequera para reconocer el “internacionalismo proletario” la una y la “solidaridad anticomunista”, la otra. Establecieron alianzas con dictadores afines y se olvidaron de las alianzas con los pueblos.

China hizo un descabellado proyecto de ferrocarril en la HIPC Tanzania, uno de los países más pobres del mundo, en 1965, que costó 500 millones de dólares. Casi nunca se usó y hoy está colapsado. Taiwan ha cooperado con Nicaragua de 1990 al 2000 con casi un mil millones de dólares y más de 150 millones para hacer unos palacetes inútiles.

“Los aliados diplomáticos de Taiwan degeneraron en un estrafalario grupejo de Estados caracterizados por ser zelotes anticomunistas o compañeros parias y, a menudo, ambas cosas. Ese fue el comienzo de la ‘diplomacia de la chequera’. Era algo muy sencillo canalizar dinero a los bolsillos de un dictador centroamericano o dos, que fueran ostensiblemente anticomunistas, pero en realidad se les estaba pagando por mantenerse aliado de Taiwan. Eso era algo fácil y barato. A fines de los años 80, la lista de los aliados diplomáticos de Taiwan era una letanía de los pandilleros derechistas más notorios y comprables del mundo, como los de El Salvador, Haití y Paraguay. Desdichadamente para Taiwan, la Guerra Fría terminó y sus más notorios amigos salieron del poder… los generales fueron reemplazados por regímenes democráticos con ideales de reconstruir sus países… Comprar un régimen democrático entero era otra cosa. Entonces, los gastos diplomáticos de Taiwan aumentaron considerablemente y entonces, la verdadera naturaleza de las relaciones con sus aliados se volvieron más claras”.

Así dice el editorial del Taipei Times, de Taiwan en días pasados.

El Presidente Chen, liberal democrático, es un hombre inteligente y progresista. Siempre se opuso a la dictadura de la familia Chiang. Sus ideales son liberales y socialdemócratas. Educado en la Universidad de Harvard, sabrá reorientar la política exterior de Taiwan en favor de las alianzas entre los pueblos y no sólo entre los gobiernos. Nicaragua también necesita de Taiwan.

Que Taiwan comparta su riqueza, experiencias y disciplina de trabajo con el pueblo de Nicaragua y, en una nueva etapa, como hermanos, nos ayude en nuestros propios esfuerzos por erradicar la pobreza y construir una patria donde sus ciudadanos vivan con decencia y dignidad.

* El autor es presidente del Centro de Relaciones Internacionales, afiliado a la Universidad de Harvard.  

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