La Providencia y los movimientos de la Tierra

MIGDONIO BLANDÓN

La Tierra, como lo demostró Copérnico, además de moverse en su órbita espacial, sus movimientos telúricos internos son un natural reacomodo en que recuperando o cediendo espacios al océano; y abriendo y cerrando cauces, en el pasado han provocado desastres catastróficos, lo que siendo natural no debe considerarse como castigo, supuesto que nada de lo material puede ser perdurable indefinidamente.

Lo que ha sido creado, lo natural y todo lo que nace, como ha comenzado también tiene fin y muere. Lo único eterno es el alma o espíritu que con la vida nos da; y que al final de determinado tiempo, habiendo sido redimidos por Cristo, al dejar el frágil estuche humano, según nuestras actitudes, para bien o para mal, de forma ineludible se llega a su presencia; y sometidos a su juicio, ir con los bienaventurados o recibir el castigo eterno.

Considerando la racha de fenómenos naturales diversos que por cerca de tres décadas ha golpeado a nuestro sufrido país, algunos pesimistas dicen que Dios nos ha abandonado; sin embargo, El no abandona jamás a sus criaturas; y como Padre amantísimo, mucho menos a sus hijos aún comportándonos mal. Somos más bien nosotros, los que desconociéndole y fallándole, de continuo nos apartamos de El.

A veces dichos siniestros podrían ser advertencias, para que dándonos cuenta de nuestras deficiencias y fragilidad humanas, a menudo impregnadas de soberbia y egocentrismo, o simple ignorancia, sepamos superarlas; para que rectificando errores, evitemos por ellos, que los provocados por erróneas actitudes o los de consecuencias naturales, no causen irreparables daños; y que éstos no trasciendan al más allá.

No sólo debe buscarse lo indispensable para construir y vivir confortablemente, sino además asentar la seguridad permanente y trascendente en principios morales, éticos y sobre todo cristianos, que son factores ineludibles de la buena educación, que por el orden, la solidaridad social y el esfuerzo colectivo, abriendo las puertas del progreso, entrar al pleno desarrollo; y así viviendo con dignidad, a su tiempo pasar a la eternidad.  

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