- Se equivocan los que creen que enfrentarse al fraude montado por el pacto, es tarea exclusiva de los políticos, de los partidos y de los candidatos
Mario Alfaro Alvarado
Con la reforma a la Constitución y a la Ley Electoral, Alemán y su equipo de empleados incondicionales pusieron en marcha un doble fraude electoral para imponer los candidatos del pacto, en las elecciones municipales de este año y en las generales del año venidero.
La inhibición de Pedro Solórzano con una simple raya en el mapa de Managua, la inhibición de José Antonio Alvarado por medio de un acuerdo ministerial que le niega la nacionalidad nicaragüense y el rechazo de las firmas de los partidos políticos para eliminarlos de la contienda electoral, son los primeros efectos del fraude montado por Alemán y su socio Ortega.
El Partido Liberal Nacionalista, que apoyó hasta el último momento a la dictadura somocista, usó siempre un método directo, primitivo y descarado para defraudar las elecciones. El Partido Liberal Constitucionalista, que nació como partido de oposición a la dictadura somocista, usa un método tecnificado, profesionalmente planeado, respaldado por leyes y procedimientos “ad hoc”, para hacer en las próximas elecciones lo mismo que hizo la dictadura somocista durante 45 años. Sólo hay una diferencia, con las computadoras el país pasó del paleolítico al neolítico electoral. Es decir, seguimos en la prehistoria de la evolución hacia la democracia.
Unicamente pude llamarse democracia la que nace del mayor número de votos depositados en una elección universal, libre y transparente. Cuando se limita la acción de los votos por medio de un fraude electoral, se arrebata a los ciudadanos su derecho a elegir libremente.
Una vez más el valor del voto está sometido a prueba. En las dos elecciones anteriores el voto sirvió para eliminar a los enemigos de la democracia, a los que llevaron a este país a la ruina y acumularon una deuda externa imposible de pagar y que no será perdonada si Nicaragua no conserva la poca democracia conquistada en dos elecciones libres. El fraude electoral decapitará la posibilidad de un perdón de la deuda. Esa es la condición que han puesto los acreedores.
El voto da calidad de ciudadano a la persona humana, porque le permite elegir a sus gobernantes. Negar el voto o devaluarlo es igual a negar o devaluar la calidad de ciudadano a las personas. Gran debilidad del liberalismo rampante como el que tenemos aquí, es que a los hijos de este país los considera individuos en posesión de un voto que pertenece al Partido Liberal y no le interesan los ciudadanos que pueden usar su voto para elegir libremente; a estos últimos trata de arrebatarles o anularles los votos por medio del fraude.
Se equivocan los que creen que enfrentarse al fraude montado por el pacto, es tarea exclusiva de los políticos, de los partidos y de los candidatos. Los males de este país son como rayos de una rueda que se reúnen en un centro de incapacidad y corrupción. Allí se juntan la desocupación, los múltiples problemas del transporte, los reclamos salariales y las injustas pensiones de retiro, la incapacidad burocrática para reactivar la agricultura (hay un déficit de un millón de quintales de granos básicos y habrá hambre si la caridad internacional no acude con ayuda), el peligro de arruinar a los cafetaleros si los despojan de sus propiedades, que caerán en manos de especuladores inescrupulosos, nacionales y extranjeros, y el principal rubro de las exportaciones del país pasaría a manos extrañas. Estos problemas vitales se unen a la corrupción, al nepotismo, al derroche escandaloso de los dineros públicos y al fraude electoral para imponer una nueva dictadura, que será la tercera dictadura liberal o la segunda dictadura sandinista.
Es el momento que los candidatos que inspiren más confianza en los votantes, que son la mayoría en el país, abandonen sus posiciones limitadas por sus partidos políticos y se sumen a la tarea de organizar una cruzada cívica contra el fraude. Deben convencer a los “desconfiados” que el fraude les arrebatará la oportunidad de volver a votar, quizás por muchos años. Que hay que establecer garantías para que todos sin excepción puedan expresar su voluntad de voto y proceder a las elecciones después de anular las leyes restrictivas y nombrar un nuevo Consejo Supremo Electoral. De otra manera habrá que impedir que se consume el fraude, aunque para ello se suspendan las elecciones.
En todo esto hay un gran culpable, que al conjunto de sus ambiciones desenfrenadas ha desatado al demonio del fraude electoral, para imponer al país una nueva etapa de oscurantismo político. Hay que demostrarle a ese gran culpable que un pueblo que ha ganado con sangre y sufrimientos el derecho a elegir a sus gobernantes, no está dispuesto a dejarse imponer los candidatos engendrados por el pacto libero-sandinista.
El autor es periodista.