Un mago a quien nadie aplaude

  • Zedillo es el mago a quien nadie asiste a su función. Un malabarista inadvertido. Hay seres que nacen para meter ruido, otros para vivir metiendo silencio

Magdalena de Rodríguez

La revolución mexicana, amiga y contemporánea de la rusa sobrevivió a ésta más de una década como institución en el poder.

Realmente la revolución mexicana se inicia el 20 de noviembre de 1910 antecediendo a la rusa 7 años (octubre 1917) pero ambas exportaron sus doctrinas y jefearon a control próximo o remoto todas las revoluciones izquierdistas del mundo durante el siglo XX.

Desde los años 20 México fue recipiente de toda la emigración política de América y del mundo. En 1926 apoya la pequeña revolución nicaragüense. Decenas de miles de españoles rojos se refugian en México a partir de 1939 luego del triunfo de Franco sobre el comunismo en España. Trosky huye de su propia revolución y se instala en México, hasta donde le alcanza el brazo largo de Stalin y acaba con él en espantosa forma, con horrible saña.

Y así, en calendario obligado, la revolución mexicana aporta su cuota como asilo a los vencidos, a los que se preparan para la lucha, como a Fidel Castro y a los jóvenes cubanos, incluido el Che Guevara que se entrenan libremente en México a finales de los años 50 y a los vencedores. Los guatemaltecos triunfantes durante el cambio político-social instaurado durante el gobierno de Arévalo iban y venían intercambiando experiencias, consejos, expresiones culturales y negocios en amable concierto, mexicanos y guatemaltecos.

Después durante el fugaz gobierno de Jacobo Arbenz la luna de miel continúa. Sin embargo México con su PRI, tan conservatizado y desgastado por el tiempo y la corrupción es consecuente con los amigos y correligionarios triunfantes o caídos y los partidarios de Arbenz son acogidos en México después de la derrota (1958).

Un dato curioso, que los nicaragüenses debemos manejar, es que la llegada de Rubén Darío a México en septiembre de 1910 para conmemorar un aniversario del Grito de Dolores, coincide con el inicio de la revolución mexicana y que el ministro de Educación de entonces, Justo Sierra, tuvo que desplegar toda su habilidad diplomática para conciliar los homenajes preparados por el gobierno y los intelectuales en honor al poeta con la satisfacción exigida por el embajador norteamericano de entonces (de cuyo nombre no quiero acordarme), de que Darío no participara con él en las fiestas de celebración de la Independencia en Ciudad México (15-16 de septiembre).

A Darío lo condujeron de Veracruz a Jalapa donde institutos y colegios desfilaron honrando su presencia y los intelectuales mexicanos se trasladaron a Jalapa a celebrar la fecha con Darío.

La razón aducida por el tal embajador era su resentimiento por los conceptos vertidos por Darío sobre la política exterior en Hispanoamérica de los EE.UU. en la Oda a Roosevelt.

El PRI como la institución de poder político emanada de la revolución mexicana pierde contenido revolucionario a través de su larga vida. 71 años son demasiado. No hay identidad político-social capaz de mantenerse incólume durante tanto tiempo. Pero lo que realmente termina con la “dictadura perfecta” del PRI fue la fatiga del pueblo mexicano por tanto de lo mismo. Enriquecimiento de los dirigentes y pobreza generalizada, de las grandes mayorías: corrupción y miseria: emigración forzosa a los EE.UU. con su secuela de atropello, abuso, explotación y muerte, salvo excepciones no tan infrecuentes causa la enorme masa de mexicanos (mojados o no), 18 millones de personas son un estado dentro del estado norteamericano.

Pero como mejor descubrimos a México es de la mano de los propios mexicanos. El libro de Jorge G. Castañeda “Sorpresas te da la vida” (México, fin de Siglo) deja entrever que el PRI ya estaba moribundo en 1994 y que el asesinato de Colosio fue el tiro de gracia, pero que la desunión de la oposición (léase PAN y PRD) le inyecta un hálito de vida. Efímero resultó ese soplo vivificador. Los dinosaurios del PRI no supieron medir a Colosio que con su brillantez y carisma era más conveniente vivo que muerto para que el partido muriera con gracia.

Le entregaron el destino priísta a un opaco y nada carismático Ernesto Zedillo, el cual con un comedido tecnicismo sacó al país del llamado “colapso del tequila” en que lo había sumido la sorpresiva y engañosa malísima administración anterior.

Este discreto presidente consigue con dignidad un préstamo colosal de los EE.UU. a quienes naturalmente, no les agrada ni conviene que México colapse económicamente. Luego muy quedamente crea el IFE, lo confía a la eficiente, profesional y honesta dirección de un joven que hace una estupenda labor de limpieza electoral y que da al PAN un triunfo legítimo sobre el vetusto PRI. Lo que resulta un enigma es que los propios analistas mexicanos independientes le escatimen a Zedillo el mérito que indiscutiblemente tiene en todo este hecho, el más trascendental en la vida de México, después del triunfo de la revolución. Se trata de un glasnost, de una perestroika a la mexicana, sólo que menos dramática que la rusa.

Zedillo es el mago a quien nadie asiste a su función. Un malabarista inadvertido. Hay seres que nacen para meter ruido, otros para vivir metiendo silencio.

Sorpresas te da la vida, como escribió el mexicano Jorge Castañeda.

La autora fue parlamentaria.  

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