Peligros del campo acechan la ciudad

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La inseguridad que ha persistido en el campo durante la última década, generada por grupos residuos de la guerra de los años 80, podría estar ganando fuerza en la ciudad y de ser así estaremos ante un mal peor que el de las pandillas juveniles, porque la Policía parece tener limitaciones para enfrentar delitos que sobrepasan lo común.

A finales de 1999 hubo dos asaltos en Managua que asombraron por la destreza militar con que fueron ejecutados y por la dificultad que ha tenido la Policía para resolverlos, ya que hasta hoy se desconoce quiénes los cometieron. Uno fue contra el Banco de América Central y otro contra el Interbank.

Hace cuatro días, un cambista fue asaltado por cuatro hombres que portaban armas de guerra y algunas indumentarias que usaba el Ejército en los años 80. Huyeron con diez mil dólares y al parecer se salieron con la suya, porque la Policía sólo supone que hay ex militares y que es una banda bien organizada.

Por supuesto que son delincuentes bien organizados y con experiencia militar, capaz de burlar a la Policía y por tanto con capacidad de crear una situación de mayor inseguridad en la ciudad de Managua, donde además de robos podrían hasta cometer asesinatos por encargo, como ha sucedido en Guatemala y otros países cercanos.

En el área rural nicaragüense, las bandas armadas comenzaron asaltando a productores en los caminos, luego se dedicaron al secuestro para pedir grandes sumas de dinero por liberar a las víctimas y más reciente se han matado entre sí y asesinado con saña a inocentes que se niegan a protegerlos.

La delincuencia de los rearmados en el campo hizo que muchos productores del Norte dejaran de visitar sus fincas y cientos de obreros agrícolas migraran a zonas más seguras o fuera del país y, en consecuencia, la recuperación económica ha quedado postergada en zonas agropecuarias importantes.

Sería catastrófico para un país en recuperación, que esa delincuencia organizada cobrara fuerza en la capital y a punta de pistola pusiera al sector empresarial contra la pared, y peor aún si recurren al secuestro, porque la poca inversión que ha conseguido Nicaragua también emigraría.

La incertidumbre frente a ese peligro crece cuando nos percatamos que la Policía tiene dificultades, por presupuesto o lo que sea, para enfrentar a delincuentes profesionales que disponen de armas de guerra, información y otros recursos desconocidos que les ayudan a escapar. Recordemos el caso del Banco Nacional de Desarrollo, asaltado hace unos años por hombres vestidos de militar que llegaron con una supuesta orden presidencial para retirar dinero. Nunca se supo más de ellos. ¿Será que la capacidad de nuestra Policía sólo alcanza para los delitos comunes? Esperemos que ya no.  

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