La Operación Troya del FSLN

  • Más allá de “defender su voto”, los sandinistas pretenden arrebatar las elecciones, aprovechando la embriaguez
    del Poder que sufren sus adversarios, para controlarlos y derrotarlos

EDUARDO ENRIQUEZ

El reportaje de Roberto Fonseca, “El FSLN se militariza”, publicado ayer en LA PRENSA, debería darnos la verdadera dimensión del peligro que representa el pacto, que no se limitará a establecer un sistema bipartidista, en el cual el poder sea compartido por liberales y sandinistas.

La meta de los sandinistas al sentarse con los liberales va más allá. Retomar el poder, arrebatarlo si es necesario.

El Frente Sandinista, mejor dicho la facción “orteguista” que controla a ese partido, tiene un plan muy bien estructurado. “La Defensa del Voto”, le han llamado ellos eufemísticamente, pero perfectamente lo podrían llamar “Operación Troya”, dedicándose a infiltrar toda la estructura electoral para garantizar la victoria.

Más allá de “defender su voto”, los sandinistas pretenden arrebatar las elecciones, como los griegos que, aprovechando la embriaguez del Poder que sufren sus adversarios, logran controlarlos y derrotarlos.

Para eso, la primera etapa de su plan ya está concluida exitosamente. Con el pacto los sandinistas lograron reformar la Constitución de tal manera que les permitiera poner el pie en la puerta, bajando el porcentaje de votos para ganar en primera vuelta; y con la reforma a la Ley Electoral, lograron entrar con su gente en todas las estructuras electorales.

Ahora viene la segunda etapa. Los “cuadros”, que el Frente está colocando no son cualquier sandinista. Los que están formando parte de los Consejos Electorales Departamentales, Municipales y de las mismas Juntas Receptoras de Votos, son los más fieles a los hermanos Ortega, son las fichas de la Seguridad del Estado.

La línea de mando está clarísima: Humberto Ortega es quien controla todo tras bastidores, y luego se bifurca en dos líneas: el ex coronel Lenín Cerna en el “Comando Electoral” y el ex coronel Emett Lang en el Consejo. Lang es el encargado de colocar en cada eslabón de la estructura electoral a gente acostumbrada a trabajar como equipo con los que están en “el comando” de la acera rojinegra. Y ya lo están haciendo, según el reportaje publicado ayer por LA PRENSA.

Ahora el Frente está a punto de colocar la última pieza clave en esta jugada magistral: Marisol Castillo, nada menos que la esposa de Lenín, como magistrada suplente en el Consejo Supremo Electoral. Pero que sea la esposa de Lenín es tontera si advertimos que como Coronela en el Ejército Popular Sandinista era la Jefa de Cuadros, o sea que conoce “a Raymundo y todo el mundo” y sabe qué fichas poner y adónde.

Estoy seguro que los liberales dentro y fuera del Consejo Supremo Electoral ni cuenta se dan de la estrategia del Caballo de Troya que le están montando los sandinistas. Lo que son los magistrados andan muy contentos en sus camionetonas nuevas, ostentando los nuevos puestos y salarios que les proporcionó el pacto, y el resto de liberales está demasiado ocupado vigilando sus intereses de nuevos ricos cuyo crecimiento está garantizado por la “gobernabilidad” que obtuvieron de la negociación con los sandinistas.

Los liberales están confiados, mientras sus adversarios, como hormigas, han venido trabajando. No en balde se dice que Emett Lang es el magistrado que más gente ha metido al Consejo Supremo Electoral. El ex coronel no está llevando a primos y parientes inútiles, sino a “cuadros” bien entrenados y leales que saben a lo que van. Además, ¡esa gente ha estado en las malas por los últimos 10 años!

Con sólo escuchar el lenguaje que usan: “comando electoral”, “defensa del voto”, “comandante supremo” etc. podemos ver que no han cambiado nada, siguen pensando igual y no les interesa una contienda electoral justa y limpia, sino garantizar la victoria. Ellos piensan que respetar la voluntad popular significa regresar al Frente Sandinista su categoría de “Vanguardia de la Revolución”.

¿Que va a ser difícil garantizar la victoria electoral? No estoy tan seguro. Para los sandinistas llegar a un 35 por ciento no es tarea imposible, en cada elección lo han logrado. El desgaste que los liberales se han provocado a sí mismos por el desgobierno y la corrupción los ha erosionado grandemente, mientras la tercera fuerza se reparte el cuero (y se pelea por él) antes de matar el venado. Así que va a ser cosa de subir o bajar unos pocos puntos porcentuales.

Todo esto confirma lo que siempre he pensado: En el Pacto, los sandinistas negociaron con visión de partido, mientras entre los liberales prevaleció la visión de su caudillo, y como resultado los primeros son los ganadores netos de esa negociación. Se “comieron sin bastimento” a su contraparte.

¿Recuerdan que cuando los sandinistas estaban en el poder se decía que ellos estaban divididos en dos grupos: los duros y los tiesos? Pues los que impulsan esta estrategia son los tiesos. Es por eso que hasta escalofrío me dio leer las últimas líneas del reportaje de Roberto: “Lenín ha ofrecido cargos (porque) van a volver a mandar”.

El autor es jefe de redacción de LA PRENSA.   

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