Cuatro años de una guerra que nunca debió ser

Este invierno ha sido el peor de la guerra para Ucrania ya que Rusia se concentró en bombardear y destruir la red eléctrica para que el pueblo ucraniano se rindiera por congelamiento, pero no ha sido así. Ucrania sigue resistiendo estoicamente mientras la dictadura Murillo-Ortega, una vez más, se ha apuntado en el lado equivocado de la historia, y tarde o temprano, habrá consecuencias.

Europa debe encontrar su propio camino en Ucrania

Lo que es cierto hoy no necesariamente lo será mañana. Todo se reduce al equilibrio de poder, no a principios definidos. Europa, que atraviesa numerosas dificultades, no tiene interés en una guerra interminable en Ucrania. Pero sí tiene intereses allí, y no puede permitirse aceptar un acuerdo que los ignore.

Las “negociaciones” de Putin son una trampa

Nos acercamos al punto con solo dos opciones. La primera es la derrota de Rusia, lo que requiere que Occidente imponga sanciones más severas y satisfaga la necesidad de armas de Ucrania. La segunda es una derrota para la democracia, cumpliendo el sueño de Stalin y Putin de someter a Europa.

El abuelo enterrado en el jardín

Como nuevo zar de todas las Rusias, Putin echa mano de Stalin para alentar la campaña bélica contra Ucrania, el pequeño país vecino al que decidió someter a una “operación especial” que ya cuesta más de un millón de muertos, y por tanto hay que presentarlo como un demonio sobre el que no se debe exagerar.

Trump, Putin y la OTAN

No es asunto nimio el que enfrentan los miembros de la Alianza Atlántica si se repite la mancuerna Trump-Putin. El primero lo daría todo por ser un “hombre fuerte”. El segundo ya lo es después de más de dos décadas en el poder y con la intención de permanecer en el Kremlin hasta 2036. Ciertamente, un dúo peligroso.

El gran reculador

A Putin, y eventualmente también a los chinos, le viene de perlas el afán imperial con rango de virreinato de los brasileños y el narcisismo de Lula, que para eso está ahí. Bolsonaro era más díscolo.

Gorbachov y la primera dictadura sandinista

Yeltsin aconsejó a los comandantes que dejaran el poder y al regresar a Moscú informó a Gorbachov que la situación de Nicaragua en manos de los sandinistas, era insostenible.

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