El santo que transformó a un pueblo

Un coro de niños canta en una iglesia. “Di ay da rataplán, traía un ramo de flores… Di ay da rataplán, traía un ramo de flores…” Una alegre guitarra los acompaña. La mayoría de los rostros son indígenas entre uno que otro mestizo. Es la iglesia de San José de Cusmapa, un pueblito a 250 kilómetros al norte de Managua.

Padre Odorico camino a la santidad

Uno se entera que algo especial pasó en este pueblo taciturno cuando muchas personas lloran ante la mínima invocación de un nombre omnipresente. Su imagen, su nombre, su recuerdo y su leyenda yacen impresos en altares, murales, estatuas, rótulos, mantas, estampillas y sobre todo, en los recuerdos colectivos. No hay superficie ni hogar en San Rafael del Norte que no lleve una huella que invoque la historia del padre Odorico D’Andrea.

Atención al suscriptor