¿Es esto lo que tú quieres?

Puedo entender que la polarización y radicalización política que los venezolanos hemos vivido en los últimos quince años haya generado decepción y frustración en muchos compatriotas, al extremo que hoy día no quieran saber nada de política y prefieran desconectarse totalmente y sentarse a esperar qué cosas pueden ocurrir para que se produzca el milagroso cambio. La desconexión es sinónimo de abstención electoral y de desgano en la participación de los asuntos públicos del país, con lo cual sale ganando el Gobierno, responsable de esta hecatombe. Mientras más escépticos y pesimistas seamos, mayor chance tiene el Gobierno de cuadrar el juego a favor de sus malévolos planes.

Radicalización es más represión

De acuerdo con la teoría revolucionaria, una revolución se radicaliza cuando impulsa transformaciones económicas, sociales y políticas cada vez más profundas, para destruir la formación socioeconómica y el sistema estatal vigente hasta entonces y sustituirlos con nuevas relaciones económicas y sociales, y con una organización estatal diferente y supuestamente superior.

Radicalización del orteguismo

Las acciones gubernamentales de las últimas semanas y días, tanto las crudamente represivas como las aparentemente legales, se podrían interpretar como que el autócrata Daniel Ortega está radicalizando lo que él llama su “proceso revolucionario”.

Correa reestructura su gabinete y anuncia radicalización

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, reestructuró su gabinete este jueves y anunció que radicalizará su «revolución ciudadana» en los últimos meses que le quedan de gobierno, en un acto en la sede de la presidencia en Quito.

¿Cómo se llega a la radicalización?

¿Es posible que un individuo se llegue a radicalizar hasta segar su propia vida por un ideal religioso? Sí, y llegan a fragmentar el ciclo de sus relaciones intrafamiliares y de su entorno social, con el fin de habilitar, nutrir, adiestrar y “afinar” su cuerpo y mente con el mórbido fin de quitar vidas. Aquellos que se inmolan no nacen con un “don” para matar y morir por un ideal, no es un destino trascrito por algún derrotero religioso, sino que pasan por un proceso de “lobotomía cerebral”, sometidos a un lavado de cerebro por expertos reclutadores, clérigos y entrenadores que saben con precisión cómo activar (estimular) instintos y emociones primitivos básicos, sentimientos de intenso odio, humillación y venganza. Este es el proceso de radicalización de los religiosos extremistas de cuyo fenómeno hoy día se deriva un sumario amplio que no lo podemos ignorar.

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