Una mujer hondureña, jugándose la vida como migrante en territorio mexicano, confiesa: “Yo sí me siento culpable de ser latina, nada más”.
nada personal
Sociedad acorralada
Sin tratarse de una historia de ficción, la sociedad nicaragüense está siendo acorralada por una suerte de ogro, que ataca con al menos cuatro tenazas para impedir a los ciudadanos que actúen en defensa propia y someterlos.
Es civil, no servil
Ya no queda ninguna duda. El presidente Daniel Ortega acosa a la sociedad civil porque sólo quiere una sociedad servil, que avale lo que a él le dé la gana. Si hacemos comparaciones históricas, una similitud importante entre Ortega y el dictador Anastasio Somoza Debayle, derrocado en 1979, es que ve a la sociedad civil como el enemigo principal.
Oscurantismo en Bolivia
Si cualquier crítica al presidente Evo Morales puede ser calificada de racismo, periodistas y medios de comunicación han de tener sumo cuidado con las palabras que digan o publiquen, porque se exponen a multas y cierres de hasta un año, tiempo suficiente para destruir a una empresa periodística. Bolivia comenzó el 2011 bajo un velo de oscurantismo, un plan político para impedir la difusión de conocimientos entre la población y garantizar al régimen de Morales el silencio que necesita una dictadura para consolidarse.
Obligados a escuchar
¿Qué sucedería si Hugo Chávez acabara con todos los medios de comunicación independientes y, aún así, la mayoría de los venezolanos siguiera ignorando sus discursos? ¿Usaría las armas de fuego para obligarles a sintonizar las televisoras o radioemisoras cada vez que él esté diciendo esas interminables peroratas que acostumbra?
Detrás de los rótulos
La mayoría de los nicaragüenses son creyentes del cristianismo y Ortega es quien menos puede hablar de los principios de esa fe. Alguien como él, que ordena lanzar turbas contra otros ciudadanos con la intención de doblegar sus espíritus críticos a garrotazos o pedradas, hace lo contrario de lo predicado por Cristo.