Asfixia

Allá por los años sesenta solía ir a visitar los domingos al manicomio de Managua, popularmente llamado “Kilómetro 5” porque quedaba en ese kilómetro de la Carretera Sur, al gran poeta Alfonso Cortés (1893-1969), con un grupo cada vez más numeroso de sus admiradores, que nos acomodábamos en el Jeep que me facilitaba mi padre.

Asfixia por obstrucción

Ese día el médico estaba meditabundo, cuando de pronto llamaron a su consultorio, hizo entrar a la paciente. El médico examinaba la mano izquierda de la dama, tenía el dedo índice amputado. ¿Qué fue lo que sucedió, señora Patricia? Mi esposo, respondió, la mujer, discutimos y me arrancó el dedo de un mordisco. Eso fue lo que pasó. Discúlpeme que me entrometa, pero como profesional debo decirle. ¿Hizo la denuncia en la policía o fue ante el juez? La dama sonrió con malicia, no dijo nada. Dos pisos más abajo, en la morgue del hospital, el forense extraía un dedo de la garganta del hombre muerto, escribió su informe: Causa de muerte: Asfixia por obstrucción. Él solo se mató.

Asfixia por obstrucción

Ese día el médico estaba meditabundo, cuando de pronto llamaron a su consultorio, hizo entrar a la paciente. El médico examinaba la mano izquierda de la dama, tenía el dedo índice amputado. ¿Qué fue lo que sucedió, señora Patricia? Mi esposo, respondió la mujer. Discutimos y me arrancó el dedo de un mordisco. Eso fue lo que pasó. Discúlpeme que me entrometa, pero como profesional debo decirle. ¿Hizo la denuncia en la policía o fue ante el juez? La dama sonrió con malicia, no dijo nada. Dos pisos más abajo, en la morgue del hospital, el forense extraía un dedo de la garganta del hombre muerto, escribió su informe: Causa de muerte: Asfixia por obstrucción. Él solo se mató.

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