Las primeras altanerías de María de Peñalosa, la esposa de Rodrigo Contreras, el sanguinario padre de sanguinarios, las hizo en el templo más antiguo de Granada y tal vez de Nicaragua, la iglesia de San Francisco. En este templo se escuchó por primera vez la voz altiva y contestataria del defensor de los indios, y sometedor espiritual, Fray Bartolomé de las Casas; aquí se oyeron sus posiciones políticas y aquí repitió lo que ya en 1517 había dicho: “Tengo mucha lástima de estos indios que se extenúan en las minas de oro de las Antillas” y propuso al Rey Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, importar negros (porque “estos no eran hijos de Dios, ni tenían alma, ya que no eran bautizados, ni eran súbditos del rey”), para que se extenuaran en las minas de las Antillas, Nicaragua y Perú.