El arte de escucharse; de escuchar y de ser escuchado
El futuro es un don para avivarnos bilateralmente, un tiempo de reflexión conjunta para superar los errores, un espacio para la concordia. ¡Cúmplanse, pues, los derechos humanos!
El futuro es un don para avivarnos bilateralmente, un tiempo de reflexión conjunta para superar los errores, un espacio para la concordia. ¡Cúmplanse, pues, los derechos humanos!
Impulsar las ciencias náuticas, por consiguiente, ha de ser prioritario. Cuesta entender que estas extensiones de corriente azul, pese a ser los pulmones del astro, también sean la última prioridad de los gobernantes.
El poder mundano nada resuelve, genera más bien batallas absurdas de destrucción y muerte, lo que nos convoca a promover los derechos humanos, dotando a las instituciones públicas de representantes ecuánimes, convencidos de que el sosiego empieza conmigo.
Abramos corredores humanitarios y practiquemos la acogida para recoger a los indefensos. Lo significativo está en no desfallecer, para que esta brutalidad sanguinaria acabe y que sea, la condescendencia, la que nos traiga los acuerdos.
Es ineludible, por tanto, lanzar una mirada global de las diversas historias humanas, perseverar en los esfuerzos diarios para corregir las injusticias sembradas que nos asolan, ocasionando el desorden en las relaciones humanas.
La familia es la primera e insustituible institutriz de concordia. Tanto es así, que la propia corporación social, para vivir una historia humana, está llamada a inspirarse también en los valores sobre los que se rige la comunidad doméstica.