Ante el contemplativo clima espiritual del momento
Las penurias podrán ser grandes, pero el misterio de la cruz y de la Resurrección nos asegura que el odio, la violencia, la sangre y la muerte no tienen la última palabra en las vicisitudes humanas.
Las penurias podrán ser grandes, pero el misterio de la cruz y de la Resurrección nos asegura que el odio, la violencia, la sangre y la muerte no tienen la última palabra en las vicisitudes humanas.
El secretario general de la ONU llamaba a la comunidad internacional a trabajar para frenar esta marea de enemistades… Promover y apoyar iniciativas de diálogo, trabajando de forma conjunta y de manera creativa, redescubriéndonos unos a otros de manera cooperante, será un modo sabio de recuperar otro soplo más benigno y menos cruel.
La realidad es que millones y millones de personas se hallan al margen del progreso, malviviendo y sin vivir, pues sus condiciones de vida están muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana.
Bajo este ambiente de consternación e impotencia son precisamente esas afluencias de Naciones Unidas las que tienen que actuar con mayor perseverancia, sabiendo que la quietud llega de sus manos nobles.
En una tierra en la que persisten los privilegios indebidos, las diferencias extremas de riqueza y un aluvión de deslealtades e ilegalidades. Bajo este pésimo panorama, la decepción puede que esté servida, pero no mata, la esperanza es lo que nos hace vivir y rehacernos.
Cada ciudadano, mediante la tenaz aplicación de su intelecto y tesón, contribuye a ese impulso profundamente innovador, con transformaciones audaces, poniéndonos al servicio unos de otros, dejándonos acompañar por el amor fraterno.