Prisioneros de nosotros mismos
No podemos permanecer prisioneros de tantas ataduras, necesitamos un espíritu libre y alegre que destierre de nosotros estos persistentes tormentos de luchas sanguinarias.
No podemos permanecer prisioneros de tantas ataduras, necesitamos un espíritu libre y alegre que destierre de nosotros estos persistentes tormentos de luchas sanguinarias.
Ser agentes conciliadores y reconciliadores ha de formar parte de nuestro diario existencial, lo que nos exige la valentía de dar el primer paso, reconociendo los propios errores y las propias debilidades.
Cuando se pierde la autoridad y todo se mezcla al capricho del poder, resulta difícil hasta enderezarse uno mismo. Se adoctrina más que se reprende, y así resulta difícil convertirse en un solidario ser humano…
Las estadísticas mundiales nos dicen que, cada amanecer, más gentes lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror.
Hoy más que nunca, debemos ahondar en nuestros vínculos, en los que no han de figurar dominadores ni vasallos, sino ciudadanos de corazón grande y existencia entregada
En cualquier caso, tenemos que reivindicar el verdadero amor entre sí. Es verdad que nos hemos globalizado, pero por esa ausencia de afecto, hay una fragmentación social que aviva todo tipo de conflictos.