Reproche a los empresarios
No debe subestimarse: la negligencia del sector empresarial en librar la batalla ideológica a favor de los principios que cimentan las sociedades más libres y prósperas.
No debe subestimarse: la negligencia del sector empresarial en librar la batalla ideológica a favor de los principios que cimentan las sociedades más libres y prósperas.
Eclesiastés, 9-10, a la repetición. “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede decir: ¿he aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido”.
La Iglesia no necesita, pues, recurrir a sistemas e ideologías para amar, defender y colaborar en la liberación del hombre… es necesario evitar reduccionismos y ambigüedades: la Iglesia perdería su significación más profunda.
Los hermanos Contreras, por ejemplo, trataron de exportar indios como esclavos. Pero por otro lado el obispo Valdivieso fue martirizado por defenderlos, mientras incontables misioneros y religiosos quemaron sus vidas por educarlos e integrarlos a la nueva civilización.
El trasfondo de muchos odios y amores es espiritual, como lo es el de muchas luchas políticas. Los anti-Colón buscan destruir sus estatuas afirmando estar indignados por el atropello de sus amados indígenas. Mas en los recovecos más profundos de sus almas no es el amor el que los mueve, sino su fobia a los bienes más valiosos que trajo el almirante en su alforja.
La Iglesia no tiene nada que ver con una democracia secular. No es una institución civil sino religiosa. No fue inventada por hombre alguno sino por Jesucristo; es de origen divino. Su objetivo no es administrar los asuntos de ninguna sociedad terrena sino transmitir el mensaje de salvación de Cristo.