La Constitución y su importancia
Es tiempo de dar a la Constitución la magnanimidad que se merece, promoviendo su estudio y comprensión, pero sobre todo enseñando a respetarla, cumpliendo sus mandatos sin vacilaciones ni acomodos coyunturales.
Es tiempo de dar a la Constitución la magnanimidad que se merece, promoviendo su estudio y comprensión, pero sobre todo enseñando a respetarla, cumpliendo sus mandatos sin vacilaciones ni acomodos coyunturales.
El desprecio al constitucionalismo democrático es característico de todos los regímenes dictatoriales o totalitarios. Todos los Estados tienen una Constitución
Lo que nos lleva de nuevo a encarar un reto fundamental de nuestro sistema educativo: conseguir maestros capaces de hacerlo o, al menos, deseosos de aprenderlo.
Esta nueva realidad desafiante y autista es, en gran medida, obra del más genial y adictivo consultor comunicacional de hoy: el “algoritmo”
Trump está hoy deshojando la margarita coreana. ¿Ataco o no ataco? ¿Lo hago con armas convencionales saturando a Norcorea de dinamita y napalm, o recurro a los misiles nucleares y abro la Caja de Pandora? ¿Acaso lo preferible es rugir por tuit y no hacer nada, trazando inútiles líneas rojas imaginarias?
Restablecer el verdadero sentido de la democracia y el Estado de Derecho, tanto ante un poder que no solo pulveriza los valores, sino que además pretende hacer creer que actúa en nombre de ellos, como ante un sistema cuyo funcionamiento la degrada y devalúa, es un desafío ineludible de la política, la ética y la filosofía en el presente.