Bady Vigo Corea, nicaragüense-peruano que escala montañas. LA PRENSA / CORTESÍA

Bady Vigo Corea, nicaragüense-peruano que escala montañas. LA PRENSA/CORTESÍA

La historia del nica-peruano que llevó la bandera azul y blanco hasta la cima del Nevado Alpamayo

Conoce la historia de Bady Vigo Corea, el ingeniero nica-peruano que escaló el Nevado Alpamayo en Perú y ondeó con orgullo la bandera de Nicaragua en la cima

Bady Laurentis Sandino Vigo Corea es un nicaragüense-peruano que en los últimos años se ha dedicado a subir montañas en Latinoamérica. De madre nicaragüense y padre peruano, nació en Trujillo en Perú. Tiene 37 años y es ingeniero de profesión. En septiembre de 2025, subió a la cima del Nevado Alpamayo, un pico piramidal cubierto de hielo a 5,947 metros en la Cordillera Blanca de los Andes de Perú; ahí ondeó la bandera azul y blanco.

«Y llevé un pedacito de la patria a la montaña más bella del mundo, aquí, en mi amado Perú», escribió en una publicación en Instagram. Misma que recibió más de 25 mil me gusta y cerca de 200 comentarios.

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Sobre su nacionalidad nicaragüense, Bady recuerda que su mamá lo llevó a Nicaragua cuando era pequeño y vivió en la capital de Nicaragua. «Nosotros vivimos en Managua. Pasé intercalando mis estudios primarios entre Perú y Nicaragua. Estaba dos años en Managua y después un año en Perú, ambas culturas han sido parte de mi formación inicial y están en mi corazón», afirma Bady en entrevista con LA PRENSA.

El joven destaca que posee raíces de una familia sencilla y humilde. Se graduó como ingeniero industrial y cuenta con doble titulación de la Universidad Privada del Norte, Perú, y la Universidadade Anhembi Morumbi en Brasil. Trabajó por años en una de las grandes agroindustrias en Perú llamada Camposol.

«Renuncié porque realmente mi corazón, mis pasiones necesitaban otra cosa, y decidí dedicarme en la exploración, la aventura y todos los deportes que de niño he disfrutado y he gozado tanto en Nicaragua en los volcanes y lagos, y también en Perú, en la Cordillera Central, la Cordillera Blanca, la Serranía del Perú», comparte.

Ahora, trabaja de forma independiente como ingeniero y lo alterna con su afición a las montañas.

«Soy aficionado a las montañas»

Bady sostiene que él no se considera un montañista o escalador: «diría que soy aficionado con una vasta experiencia empírica, y trato de plasmar eso en las redes sociales, inspirar a otras personas y poder decir que hay algo más grande afuera o volver a conectarnos nuevamente con esa lejanía que hemos formado entre el hombre y la naturaleza».

El nica-peruano destaca con orgullo que sus padres son antropólogos de profesión. De hecho, comparte que su madre, oriunda de Nicaragua, llegó a Perú a realizar estudios. Fue ahí donde conoció al padre de Bady. Sus padres procrearon dos hijos, Bady y su hermana menor.

«Ellos tenían que viajar constantemente, es algo que yo vivía en mi niñez, ir de un lado a otro. Antes no había celulares, un centro de internet y los que tenían televisión eran muy afortunados, así que teníamos que ingeniárnoslas para divertirnos», indica.

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Bady recuerda que subía árboles para bajar mangos, jocotes y otras frutas en Nicaragua; mientras que en Perú realizaba otras actividades como pesca con atarraya. Ambos escenarios influyeron para que «existiera en mí esa forma de buscar la aventura, de alimentar mi curiosidad, de explorar».

En Nicaragua ha vivido la experiencia de ir al Cañón de Somoto, la isla de Ometepe, subir los volcanes Maderas, Concepción y El Hoyo.

«He tenido esa oportunidad de poder desarrollar las actividades que me gustan en el país que también me pertenece, me siento parte. Al tener estos dos amores, las emociones de mi madre, con la bendición de ella, la fuerza y fortaleza de mi padre, es como que no estoy subiendo solo a estas grandes montañas de acá del Perú», afirma.

Bady comenta que siempre que tiene la oportunidad lleva consigo con orgullo y alegría las banderas de Nicaragua y Perú. «Ambas me recuerdan en esos días fríos, de soledad, de empuje, esos días duros que hay más gente esperando más que llegue arriba a la cumbre, espera que yo regrese y poder volvernos a ver», apunta.

«Documentar lo que realmente es estar en lugares tan lejanos»

El aficionado a las montañas detalla que ha tenido dos experiencias «muy fuertes» que han marcado su vida en el Nevado Huascarán. La primera cuando tenía que descender la cumbre: pasó 17 horas y media atrapado por una niebla muy densa, a temperatura de -20 grados y a más de 6,500 metros sobre el nivel del mar.

«No nos permitía darnos visibilidad y normalmente el descenso que duraría unas 7 u 8 horas, no lo hicimos porque pasamos las 17 horas y medias arriba», señala.

La segunda fue similar. «La estaca que habíamos colocado se movió y realmente volé como unos tres o cuatro metros, pero había nieve blanda y pude caer sin mayores consecuencias», recuerda.

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Bady se describe como un hombre muy extrovertido y corajudo. Para poder subir montañas, el nica-peruano debe entrenar físicamente y prepararse mentalmente a lo que pueda enfrentar. «Mis padres me apoyan y eso me ha servido para lograr grandes hazañas, todo lo que he vivido me ha ido formando mi carácter para poder soportar la presión de las cosas incontrolables, como el clima», dijo.

Reconoce que también existe el error humano. «Nosotros podemos tener un tropezón, podemos ir caminando o pasando un río nos resbalamos, lesionarnos o en el peor de los casos quedar totalmente inhabilitados para continuar o regresar a un lugar seguro», sostuvo.

El nicaragüense sostiene que decidió empezar a compartir contenido en redes sociales como Instagram y Facebook con el único objetivo de «documentar lo que realmente era y es estar en lugares tan lejanos» dado que en redes sociales comenzó el boom de publicar solo la parte bonita de los sitios y no la vivencia.

Bady dice que el conteo de me gustas no le importa tanto si su publicación no causa un impacto entre las personas. «Documentarlo de una manera distinta, buscando tener un impacto en las personas y sobre todo conciencia, responsabilidad, el respeto a la fauna y flora. Que no hay montaña más grande ni más pequeña», sostiene.

El aficionado a las montañas detalla que en cada salida debe prepararse con lo necesario, desde pastillas purificantes para el agua, y otras para dolor de cabeza o diarrea. Lleva consigo pañitos húmedos. «Todo esto no se ve en los vídeos de TikTok, pero uno trata de llevar lo mínimo porque necesitamos estar ágiles, rápidos, pero sin descuidar el cuido personal», señala.

Sus metas a corto y largo plazo

Bady comparte que tiene metas a corto y largo plazo. En primera instancia quiere trabajar en su ciudad natal, Trujillo. Documentar las realidades y malas prácticas en las montañas con el fin de concientizar a la población.

«Los visitantes suelen dejar mucha basura después de un campamento. Me gustaría educar con el ejemplo a las personas que vean mis videos y hacer comunidad, si alguno de ellos quiere acompañarme y sumarse», indica.

A largo plazo, le gustaría continuar descubriendo montañas dentro de Perú y a su vez poder subir la montaña más alta de América, la montaña Aconcagua, en Argentina. «La tecnicidad de la montaña no depende de la altura, sino depende de su propia geografía», comenta.

En Nicaragua, también desea viajar, reunirse con personas que lo han invitado para que comparta su experiencia. Por su pasión a las montañas, Bady ha tenido que dejar a un lado sus sueños profesionales, pero apunta que «la vida no te da para todo o tal vez, lo que uno quería o el camino que uno escogió».

Bady Vigo Corea, el nica-peruano que escala montañas en Latinoamérica. LA PRENSA / CORTESÍA
Bady Vigo Corea, el nica-peruano que escala montañas en Latinoamérica. LA PRENSA / CORTESÍA

Insiste en que desea generar un impacto positivo en otras personas. «He visto que ha tenido un impacto positivo en algunas personas, algunos amigos y mi familia, realmente han visto en mí, un punto de partida para poder escapar, o volver a conectarse con ese niño interior. Busco disfrutar la fauna, la flora, alimentarme de fruto silvestre, era lo que hacía antes, creo que soy el vivo reflejo de ese niño que era feliz con poco», refiere.

El nica-peruano tiene la oportunidad de trabajar con marcas que vendan artículos para el deporte que practica. «Nunca pensé o fue mi intención hacer videos para marcas o que alguien me contrate, esto surge a raíz de mis publicaciones en Instagram. Las empresas ahora me dan un salario y me equipan para escalar montañas, antes lo hacía sin esperar nada a cambio».

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