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A raíz de las declaraciones del 19 de julio del señor presidente Ortega de que no habrá más elecciones, lo que no debió haber sido ninguna novedad porque últimamente no ha habido, Nicaragua ha estado nuevamente en el plano internacional con varios diarios internacionales, gobiernos, y opositores nicaragüenses criticando y lamentando la declaración.
Asimismo, aunque la reunión de la OEA del miércoles pasado no logró los resultados concretos que perseguían los EE. UU. y la oposición en el exilio, varios países repudiaron las declaraciones del señor presidente y la represión que sufre nuestro pueblo.
Desafortunadamente, estos lamentos, críticas, y apoyos, aunque de buena fe, no tienen ningún impacto en el devenir de los nicaragüenses ya que se los lleva el viento y, en nuestro decir, no tienen dientes. Por lo que, como ya han sugerido algunos analistas, es importante bajarse de las nubes de las meras declaraciones y proponer y ejecutar acciones que tengan probabilidad de derrocar al régimen pronto. Enfatizo pronto ya que, como todo en la vida, el régimen o sus séquelas caerán eventualmente, pero luego de causar aún más represión e inseguridad para el pueblo.
Lo primero es reconocer que en lo interno nuestro pueblo no se va a rebelar de por sí ya que su preocupación primordial e inmediata es sobrevivir sus dificultades económicas diarias para mantener a su familia.
Y lo segundo que, en lo externo, el único país que tiene dientes militares y económicos para influenciar y/o botar al régimen es los EE. UU. El resto no cuenta ni militar ni económicamente. Por lo que llamadas para acciones colectivas de países de la región no tienen ningún sentido y posiblemente la intención de los EE. UU. al convocar la reunión de la OEA fue obtener un mandato para actuar en Nicaragua bajo su sombra.
¿Entonces cuáles podrían ser posibles opciones?
Una podría ser una rebelión popular masiva inducida por un embargo económico de los EE. UU. cuyas exportaciones y remesas representan el 40.5 por ciento de nuestra economía. Pero, como consta en mis artículos en este diario, siempre me he opuesto a estas sanciones ya que solo llevarían a mayor pobreza, desempleo y carestías para la población en el futuro inmediato sin impactar al régimen que cuenta con amplios medios represivos y económicos (reservas internacionales) para sobrevivir. Eventualmente sí propiciaría la caída del régimen, pero la salida posiblemente seria violenta y dificultaría la transición hacia una democracia ya que, como dije en un artículo anterior, es difícil prever quiénes estarían a cargo de la situación.
Otra opción podría ser una actuación militar de los EE. UU. estilo Maduro donde la estimable familia Ortega- Murillo seria transportada a los EE. UU. y luego de negociaciones con México, exiliada a este país. Por supuesto la transición hacia una democracia sería más difícil de la que está pasando Venezuela, ya que la nefasta influencia del régimen en la institucionalidad del país es aún mayor.
Otra opción, que en mi opinión sería la mejor para el país y para el mismo régimen y sus secuaces, es que, como han mencionado recientemente algunos miembros de la oposición en el exilio, los EE. UU. unido a la oposición convenzan, por las buenas o por las malas, a los lideres del Ejército, del congreso, y de las agencias públicas, de que su seguridad y fortunas están en peligro bajo este régimen ya que ellos caerían junto con este más temprano que tarde. El objetivo sería un golpe de Estado “amistoso” liderado por el Ejército donde la estimable familia y sus principales secuaces luego de consultas con México seria exiliados a ese país con ciertas garantías económicas. He mencionado México dos veces. Primero por la simpatía de sus dos últimos presidentes al régimen y segundo por la larga tradición mexicana de dar asilo político tanto a los buenos como a los malos.
Salir pronto del régimen no será fácil, pero sí es posible. Reconstruir una Nicaragüita justa, próspera, con democracia, y buenas instituciones, tampoco será fácil y requerirá el apoyo de todos los nicaragüenses de buena fe, incluyendo simpatizantes honestos del régimen actual. En mi artículo del 16 de febrero de este año menciono algunas sugerencias para la transición que tarde o temprano se nos viene.
El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada.