Los conquistadores españoles obligaron a los indígenas a que dedicaran la Danza del Zompopo a San Diego de Alcalá. LA PRENSA/ REDES SOCIALES/ MEJORADA CON IA

Los conquistadores españoles obligaron a los indígenas a que dedicaran la Danza del Zompopo a San Diego de Alcalá. LA PRENSA/ REDES SOCIALES/ MEJORADA CON IA

El baile del zompopo que los españoles intentaron secuestrar

Una maestra diriambina llegó en la década de 1970 a la isla de Ometepe y ahí una anciana de más de 100 años le desveló la danza más antigua de Nicaragua.

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

A finales de la década de 1970, una profesora diriambina se encontró en Rivas con una anciana de más de 100 años que le mostró una danza indígena que hasta entonces había estado desapercibida para el folclor nacional.

La profesora es Diamantina Mercado, mejor conocida como Diamante. Y la anciana era Conchita Silva, originaria de Altagracia, en la isla de Ometepe, Rivas.

Lea también: El salón rural donde mujeres lloran cuando descubren que son bonitas

Diamante llegó a Rivas en 1975 como maestra de primaria y secundaria, según le contó en una entrevista al folclorista Wilmor López. Tenía una demanda tan alta de estudiantes que se atrevió a abrir una escuela por las noches y así conoció a Ester Cordón, una mujer rivense que sabía sobre la danza que Diamante estaba a punto de descubrir.

De la mano de Cordón, Diamante conoció a Conchita Silva, para entonces considerada “la mejor bailarina de las calles de Altagracia” en esos años 70.

La profesora Diamantina Mercado, mejor conocida como Diamante, descubridora de la Danza de El Zompopo. LA PRENSA/ REDES SOCIALES
La profesora Diamantina Mercado, mejor conocida como Diamante, descubridora de la Danza del Zompopo. LA PRENSA/ REDES SOCIALES

En una ocasión, Conchita Silva escuchó sonar un tambor y de repente le dijo a Diamante: “Ya te voy a decir cuál es el movimiento del zompopo”. La anciana se apoyó en un taburete y se puso a danzar al ritmo del tambor.

La danza impactó a Diamante, quien se puso a trabajar investigando bastante sobre “el movimiento del zompopo”. Fue un esfuerzo titánico el que hizo, no solo económico, sino también físico y hasta moral, considera la folclorista. “Todo lo que yo pasé para aprender todas aquellas cosas, fueron noches de desvelos, de llantos y de corajes”, explica Diamante.

Finalmente, en 1981, Diamante llegó a Managua con un grupo de danza, cerca de 40 bailarines, y con una coreografía elaborada producto de sus investigaciones, y presentó por primera vez la Danza de los Zompopos en la capital. Diamante está considerada la descubridora de esa danza ancestral, por las investigaciones que realizó, la coreografía que montó y también porque la dio a conocer a nivel nacional.

Resistencia indígena

En la actualidad, la Danza de los Zompopos está considerada una danza ritual realizada en las fiestas de San Diego de Alcalá, en el municipio de Altagracia, en Ometepe.

Detrás, hay una historia de resistencia de los indígenas contra los conquistadores españoles.

Lea también: El “Titanic” de Paso Caballos: una postal de Corinto destruida por la corrosión y los chatarreros

Según las investigaciones de Diamante, antes de convertirse en una danza callejera fue un ritual que los indígenas le dedicaban a los dioses que vivían dentro de los volcanes. Cada vez que un volcán rugía, los indígenas suponían que los dioses estaban enojados, entonces, el cacique llegaba con su hija a dejar ofrendas a esos dioses, acompañados de una ceremonia que hoy está representada en la Danza de los Zompopos.

Imagen de San Diego de Alcalá en la parroquia de Altagracia, en la isla de Ometepe. Los frailes franciscanos impusieron que cada mes de noviembre la Danza de El Zompopo acompañe la procesión de ese santo católico. LA PRENSA/ REDES SOCIALES
Imagen de San Diego de Alcalá en la parroquia de Altagracia, en la isla de Ometepe. Los frailes franciscanos impusieron que cada mes de noviembre la Danza del Zompopo acompañe la procesión de ese santo católico. LA PRENSA/ REDES SOCIALES

Cuando los españoles llegaron, vieron a los indígenas bailando la danza en honor a los dioses que tenían y buscaron cómo evitar que los indígenas dejaran de adorar a esos dioses y se convirtieran al cristianismo.

Entonces, los frailes franciscanos impusieron la imagen de San Diego de Alcalá, un santo católico que en vida fue jardinero. Con el tiempo, y como la danza ya era asociada a los zompopos, se creó una tradición de que hubo una plaga de zompopos en Ometepe y la gente sacó en procesión a San Diego de Alcalá y la plaga fue eliminada.

Sin embargo, Diamante llegó a la conclusión de que la población indígena nunca olvidó sus celebraciones y el zompopo se mantuvo en su memoria. “Nuestros ancestros siempre se preocuparon por rescatar su raíz y han conservado su música y sus pasos. Sus ofrendas se llevan a cabo en la vela del santo frente a la iglesia el día 17 de noviembre. Ese día los mayordomos entrantes y salientes se traspasan responsabilidades, celebran a San Diego, pero en realidad están celebrando ritualmente a su ídolo indígena”, indicó la folclorista a Wilmor López.

Tergiversación

La Danza de los Zompopos tiene 12 sones, todos de percusión y también existió un pito hecho con un caracol con el que se convocaba a todos los que merodeaban el lugar donde se iba a danzar, y luego empezaban a sonar los tambores.

En la coreografía original, mayordomos entrantes reciben de los salientes y traen tinajas que representan la chicha y el atol. También, una batea que la carga un hombre y en la que vienen dos gallos emplumados que traen amarrados en los picos un puro enorme. Los promesantes vienen con las canastas repletas de frutas de las cosechas y las entregan a los mayordomos y se procede a hacer la promesa de la responsabilidad que tienen los entrantes de hacer la fiesta mejor.

Lea también: Una ardilla con cédula nicaragüense

En la representación, en el escenario se ubica de fondo a los dos volcanes de Ometepe, el Concepción y el Maderas, y entra una mujer con un alfaquí, un guía espiritual indígena, quienes entran a hacer ofrendas para calmar la furia de los dioses. A ellos les seguía una multitud de indígenas también con ofrendas para que las cosechas no fueran destruidas por los zompopos ni por la lava de los volcanes.

Una representación de la Danza El Zompopo en la isla de Ometepe. LA PRENSA/ REDES SOCIALES
Una representación de la Danza del Zompopo en la isla de Ometepe. LA PRENSA/ REDES SOCIALES

En esa danza original, los bailarines saludan al cielo con ramas en las manos, pero también con canastos de verduras y frutas.

Hoy, Diamante lamenta que le han cambiado muchas cosas a la Danza de los Zompopos, pues ahora los bailarines brincan, danzan como si estuvieran bailando palo de mayo y danza garífuna, la música no se parece nada a la original y los bailarines hasta lucen vestimenta de palo de mayo.

Lea también: El elenco “gracioso” de Pancho Madrigal

A juicio de Diamante, la Danza de los Zompopos es la más antigua de Nicaragua y las autoridades culturales deberían esforzarse por preservarla.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí