Inflación sube en Nicaragua: cuatro factores que amenazan con encarecer más los alimentos

La inflación acumulada llegó a 2.17% en el primer semestre y la canasta básica se encareció casi 600 córdobas. El Niño, los altos costos de los insumos, la demanda de biocombustibles y nuevas restricciones comerciales podrían presionar aún más los precios.

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Nicaragua cerró el primer semestre con una tasa de inflación de 2.17 por ciento, muy por encima del 0.91 por ciento reflejado en similar periodo del año pasado, impulsada principalmente por el encarecimiento de los alimentos y bebidas no alcohólicas, una tendencia que podría mantenerse en el resto del año debido a cuatro factores externos y climáticos que amenazan la producción nacional.

Según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), solo en junio la inflación, que refleja la evolución de los precios a nivel interno, subió 0.13 por ciento frente a la reducción de 0.12 por ciento en igual mes del año pasado. La inflación interanual se situó en 3.98 por ciento (0.89 por ciento en junio de 2025).

¿Por qué está subiendo la inflación en Nicaragua en 2026?

La inflación subyacente, que excluye precios volátiles o hechos estacionarios como por ejemplo una sequía, cerró en 3.08 por ciento, más que el 2.87 por ciento de junio de 2025, lo que indica que también hay factores internos que están impulsando los precios en el mercado local.

De hecho, el costo de la vida en Nicaragua se ha encarecido en los primeros seis meses de este año casi 600 córdobas con respecto a diciembre pasado y en más de 900 córdobas en los últimos 12 meses, según una actualización a junio sobre la variación mensual de la canasta básica, que cerró el semestre en 21,414.20 córdobas.

El panorama no es alentador. Especialmente hay factores externos que amenazan con impactar a Nicaragua, que es altamente dependiente del exterior para alimentar a la población, según un análisis realizado por el Banco Mundial denominado: Amenazas para los mercados mundiales de alimentos en 2026, en el que cita a al menos cuatro factores.

El Niño amenaza la producción y el precio de los alimentos en Nicaragua

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El primero es climático. Se trata del fenómeno de El Niño, que amenaza con ser severo. «Los encargados de los pronósticos estiman que existe una probabilidad de casi dos tercios de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre y diciembre. Para los mercados agrícolas, la pregunta crítica es qué tan intenso se vuelve el fenómeno de El Niño. Por lo general, El Niño provoca sequías prolongadas en Asia sudoriental y condiciones más secas en zonas de Australia, el norte de Brasil, África meridional y Asia meridional, regiones clave en la producción de cereales, caña de azúcar y semillas oleaginosas», indica el Banco Mundial.

La más reciente edición del boletín meteorológico que elaboran el Ministerio Agropecuario (MAG) y el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), con el apoyo de otras organizaciones, señala que por los niveles de lluvia por debajo de lo normal en algunas zonas del país algunos cultivos enfrentan estrés hídrico. Además, en algunas zonas del país las plagas afectan plantaciones de granos básicos, cacao, café, tomates, cítricos, musáceas, caña de azúcar y aguacate.

Las condiciones meteorológicas asociadas a El Niño ya han aparecido y se espera que aumenten hasta alcanzar niveles moderados o intensos durante el otoño del hemisferio norte, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOOA).

Según el Banco Mundial, «dado que los mercados agrícolas ya afrontan presiones sobre los costos relacionados con los conflictos, un episodio de El Niño más intenso o más persistente podría provocar alteraciones de manera simultánea en múltiples zonas de cultivo y empujar los precios de los alimentos muy por encima de las proyecciones actuales».

Fertilizantes más caros elevan los costos de producción

Un segundo factor que amenaza a Nicaragua es el elevado costo de los insumos para producir. Los insumos agrícolas están más altos de lo previsto, debido al cierre del estrecho de Ormuz, lo que a criterio del Banco Mundial ha alterado los suministros de energía mundiales, incluidos los fertilizantes —especialmente la urea y el fosfato, dos de los productos más utilizados— y el gas natural licuado (GNL), lo que ha impulsado los precios a sus niveles más altos desde 2022.

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«Ambos son insumos agrícolas esenciales: los fertilizantes de forma directa, y el gas natural como materia prima básica para producir fertilizantes nitrogenados. Como resultado, los precios de los insumos se han disparado. En el escenario de referencia del informe Commodity Markets Outlook se asume que las interrupciones del suministro relacionadas con Oriente Medio se atenuarán en el tercer trimestre de 2026, lo que limitaría la gravedad y la duración de los problemas de oferta».

Aunque Estados Unidos y la República Islámica del Irán habían anunciado un acuerdo de paz provisional, este no ha impedido que los bombardeos continúen. De hecho, ayer Irán y Estados Unidos prometieron intensificar sus ataques, después de que los rebeldes de Yemen, aliados de Teherán, abrieran otro frente con su ofensiva contra buques sauditas en el Mar Rojo y los precios del petróleo llegasen de nuevo a sobrepasar los 100 dólares. 

El Banco Mundial advirtió que «si las interrupciones persisten, los precios de los fertilizantes y el gas natural podrían situarse muy por encima de las previsiones actuales, generando importantes riesgos al alza para los precios agrícolas. A corto plazo, estos riesgos suelen manifestarse en mayores costos de producción. En el largo plazo, los elevados precios de los fertilizantes podrían llevar a los agricultores a reducir el uso de estos productos o a cambiar hacia cultivos que requieran menos de ellos, lo que reduciría los rendimientos, limitaría la oferta de alimentos y ejercería una mayor presión alcista sobre los precios».

En Nicaragua, según los reportes de comercio exterior que publica el Banco Central, entre enero y abril de este año, el país importó 198,814 toneladas de insumos agropecuarios. Dicho volumen es superior en casi 40,000 toneladas con respecto al volumen de compras que se realizó en los mismos meses del año pasado y representa un incremento del 24 por ciento.

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Los insumos que registran el mayor incremento en su volumen de importación son los distintos tipos de fertilizantes. Entre estos, los que contienen nitrógeno, fósforo, potasio, otros; la urea, el sulfato de potasio y el sulfato de calcio. El insumo que más se trajo del exterior fue la urea.

Mayor demanda de biocombustibles presiona los precios de alimentos

Un tercer factor de riesgo es el aumento de la demanda de biocombustibles en el mundo. Debido al aumento del precio del petróleo, que esta semana volvió a superar la barrera de los cien dólares, el Banco Mundial dice que esto suele acelerar el apetito por los biocombustibles. El problema es que estos se producen a base de los cultivos «que alimentan a las personas, lo que significa que los mayores precios de la energía pueden traducirse en precios de los alimentos más altos».

«El índice de precios de los aceites y las harinas del Grupo Banco Mundial aumentó un 11 por ciento en los tres meses transcurridos desde el inicio del conflicto, en parte como reflejo de la fuerte demanda de biodiésel. Las políticas de los gobiernos refuerzan esta tendencia: varias economías importantes han aumentado recientemente sus mandatos de mezcla, esto es normas que exigen que una proporción mínima de biocombustibles se combine con los suministros de combustibles convencionales».

Por ejemplo, Indonesia tiene previsto aumentar su combinación obligatoria de biodiésel del 40 por ciento al 50 por ciento el 1 de julio; Estados Unidos ha elevado el volumen exigido de diésel a base de biomasa a 5,400 millones de galones en 2026 (frente a 3,400 millones en 2025) y 5,700 millones de galones en 2027.

«Si los elevados precios de la energía persisten —o siguen subiendo si el conflicto continúa—, también es probable que aumenten los precios de las principales materias primas de biocombustibles clave, en particular el maíz y el azúcar utilizados para producir etanol, y los aceites comestibles usados para producir biodiésel. El impacto podría sentirse más rápidamente en el mercado azucarero, donde las fábricas, sobre todo en Brasil, pueden cambiar con facilidad la producción entre azúcar y etanol», alerta el Banco Mundial.

El proteccionismo puede encarecer las importaciones de alimentos

Lo anterior traería como consecuencia un cuarto factor de riesgo para Nicaragua y el mundo: restricciones a las exportaciones mediante medidas más proteccionistas por parte de los gobiernos. Al respecto el Banco Mundial recuerda que si bien las restricciones «pueden brindar un alivio a corto plazo a nivel nacional, también limitan los suministros mundiales, aumentan la volatilidad de los mercados y elevan aún más los precios internacionales».

«Durante las crisis de los precios de los alimentos de 2008 y 2022, las sucesivas prohibiciones a la exportación de cereales y aceites comestibles amplificaron las fuertes alzas de los precios mundiales y agravaron la inseguridad alimentaria en las economías dependientes de las importaciones. Dado que los costos de la energía, los precios de los fertilizantes y las conmociones relacionadas con el clima plantean riesgos simultáneos, la amenaza de una reanudación de las restricciones comerciales es particularmente grave. Los países de ingreso bajo que dependen en gran medida de las importaciones de alimentos serían especialmente vulnerables», advierte.

El año pasado, la factura de importación total de Nicaragua ascendió a 9,877.2 millones de dólares, de los cuales 2,868.8 millones de dólares fueron para traer productos de consumo no duraderos, es decir alimentos de distintos tipos, que abarcan granos y verduras.

De hecho la inflación acumulada en el primer semestre se acerca rápido al rango que proyecta para este año el Banco Central, el cual espera se ubique entre 2.5 por ciento y 3.5 por ciento, tras finalizar el año pasado en 2.7 por ciento.

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