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Catorce organizaciones sociales y políticas de exiliados nicaragüenses, todas o casi todas ellas consideradas de izquierda democrática, protestaron al gobierno socialista de España por haber recibido al cocanciller de la dictadura de Nicaragua, Denis Moncada Colindres, quien se reunió oficialmente con el ministro español de Relaciones Exteriores, José Manuel Albares.
Otros políticos exiliados también protestaron en declaraciones a medios de comunicación, indignados por el mismo hecho. Y expresaron su temor de que el Gobierno de España invite a la dictadura de Nicaragua a participar en la próxima Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar precisamente en Madrid los días 4 y 5 de noviembre próximo. Lo cual creen que sería un triunfo diplomático de la dictadura.
Según algunos opositores nicaragüenses ha sido indigno de parte del Gobierno de España haber atendido cordialmente al cocanciller de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, después del ultraje que estos hicieron al Estado español al expulsar de Nicaragua a su embajador y varios cooperantes, sin dar explicaciones.
Recordamos que eso ocurrió el 25 de enero del presente año y que, “en estricta reciprocidad”, el Gobierno de España expulsó al embajador de Nicaragua en Madrid. Desde entonces las relaciones entre los dos países han estado frías y al mínimo, a nivel de encargados de negocios.
Sin ánimo de justificar al Gobierno de España por haber recibido de manera oficial al cocanciller de la dictadura nicaragüense, debemos reconocer que debía hacerlo porque Moncada llegó a Madrid para participar en la Conferencia Interministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico de América Latina y el Caribe (Ocdeac), a la que pertenece Nicaragua y por lo tanto no se podía ni debía impedir que participara en dicha reunión.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de España informó al respecto que, aprovechando la reunión de ministros de la Ocdeac en Madrid, “sostuvo encuentros bilaterales con varios ministros latinoamericanos, entre ellos el de Nicaragua”, con quienes también habló de la próxima Cumbre Iberoamericana de Madrid.
Se puede hacer diversas interpretaciones de la reunión del canciller español Albares con el cocanciller de la dictadura. Y esta presentarla como un logro de sus relaciones internacionales. Pero la verdad es que España no ha cambiado, al menos públicamente, su posición de condena a las violaciones de los derechos humanos en Nicaragua, ni ha reconocido como legítimo el proceso político nicaragüense desarrollado tras las elecciones fraudulentas y antidemocráticas de noviembre de 2021.
En realidad, si el gobierno español mantiene comunicación con el régimen de Managua, aunque haya profundas diferencias, esa es la lógica de una buena diplomacia: mantener abiertos los canales de comunicación incluso con gobiernos con los cuales se tienen desacuerdos profundos.
En el mismo contexto cabe señalar que desde la represión sangrienta de la dictadura en 2018 la política de la Unión Europea (UE) hacia Nicaragua se sostiene en los pilares de: 1) condena de la represión y de las violaciones de derechos humanos; 2) sanciones individuales impuestas a funcionarios del régimen; 3) exigencia del restablecimiento del Estado de derecho y las libertades públicas; y 4) mantenimiento de los canales diplomáticos abiertos para “hablar» cuando sea posible y necesario con el régimen nicaragüense. Y España, como se sabe muy bien, es miembro de la UE.
Por otra parte, tampoco habría que sorprenderse si España invita al régimen de Nicaragua a la Cumbre Iberoamericana de Madrid, en noviembre próximo. El Estado de Nicaragua es miembro de la Conferencia Iberoamericana y mientras no haya sido suspendido o el mismo régimen decidiera retirarse, forma parte del mecanismo y tiene que ser invitado a las cumbres. Salvo que España decidiera endurecer su política con Nicaragua y cortar las relaciones, lo cual no va a suceder.
No obstante, está muy bien que el exilio presione y exija a los gobiernos de la comunidad democrática internacional actitudes más enérgicas contra la dictadura. Es su deber. Pero debería hacerlo hábilmente para no sembrar en la mente de los nicaragüenses que adversan a la dictadura la falsa idea de que esta es acogida normalmente en el exterior.