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Taupla Brooklyn Rivera B. será recordado como un hombre que dedicó su vida al bien común de los pueblos indígenas de la Costa Caribe nicaragüense. Fue uno de los primeros profesionales de la región, maestro, líder, defensor de los derechos colectivos y, sobre todo, un hijo comprometido con su tierra y con la dignidad de su gente.
Amó profundamente a los pueblos indígenas y consagró su existencia a la defensa de sus reivindicaciones históricas, de sus culturas, lenguas, formas de organización comunal y territorial, así como de su identidad y cosmovisión. Su legado está estrechamente vinculado a las luchas que hicieron posible la aprobación de la Ley No. 28, Estatuto de Autonomía de las Regiones de la Costa Caribe de Nicaragua, promulgada en 1987 y puesta en práctica con las elecciones regionales de 1990, en las cuales Yatama obtuvo el respaldo mayoritario de los pueblos costeños.
Taupla luchó incansablemente para que los propios hijos e hijas de la Costa Caribe asumieran la conducción de los gobiernos regionales, municipales y comunales. Defendió la continuidad de las estructuras ancestrales de autoridad, convencido de que ellas constituyen el fundamento que garantiza la preservación de la cultura, la identidad y las formas tradicionales de organización colectiva.
Impulsó la demarcación y titulación de los territorios indígenas, entendiendo que la autonomía territorial y comunal representa una expresión legítima de la existencia histórica de los pueblos originarios. Asimismo, promovió el Acuerdo Binacional Honduras–Nicaragua, que permitió a los pueblos indígenas de ambos países celebrar de manera alternada el Siskrutara, una asamblea general destinada a la construcción de consensos, la rendición de cuentas y la elección de autoridades tradicionales.
En sus constantes visitas a las comunidades, compartía con los ancianos y ancianas su tradicional Dakby-Dakby, un gesto de solidaridad y respeto mediante el cual procuraba que las personas mayores contaran con recursos para adquirir aquello que más necesitaban. Estos actos sencillos reflejaban la profundidad de su compromiso humano y comunitario.
Consciente de que las aspiraciones de los pueblos indígenas también debían defenderse en los espacios institucionales de decisión, Taupla procuró mantener una visión pragmática de la política. Consideraba que la materialización de las esperanzas colectivas exigía participar en los procesos donde se definían las políticas públicas.
En 2006, Daniel Ortega visitó Bilwi, municipio de Puerto Cabezas, y pronunció un discurso en el que pidió perdón por la tragedia conocida como Navidad Roja, comprometiéndose a respetar y fortalecer la autonomía de la Costa Caribe. Sin embargo, con el paso del tiempo, aquellas promesas se transformaron en profundas decepciones para los pueblos indígenas. Taupla fue desaforado del curul de la Asamblea Nacional por demandar derechos legítimos de la Costa Caribe, por lo que le consideraban traidor y entonces él decidió retornar ocupando su propio curul, por los votos de su pueblo.
La realidad mostró un camino distinto. La autonomía fue progresivamente debilitada, mientras crecían las denuncias sobre invasiones de colonos, concesiones otorgadas sin consulta previa y decisiones que vulneraban los derechos colectivos de los territorios indígenas. Mientras Taupla estaba en estado de desaparición, la dictadura Ortega-Murillo entregó la concesión minera identificada como “Título de concesión minera No. 040-PGJ-DGM-2026”, otorgada a la empresa Nicaragua XIAJING Minería Group S.A., sobre más de 42 mil hectáreas ubicadas en los municipios de Rosita y Prinzapolka. Conforme a la Ley de Autonomía, toda concesión de esta naturaleza debía ser consultada con las autoridades y líderes territoriales; sin embargo, dicha consulta nunca se realizó.
Tras el estallido social de abril de 2018, la distancia entre las promesas oficiales y la realidad se hizo aún más evidente. La represión, las violaciones a los derechos humanos y el cierre de los espacios democráticos fueron observados por la comunidad internacional.
Taupla Brooklyn Rivera también fue víctima de ese contexto. En 2023 se le impidió ingresar a Nicaragua después de participar en reuniones de las Naciones Unidas en Nueva York. Meses después, en septiembre, fue detenido en Bilwi. Desde entonces, los pueblos indígenas han vivido en incertidumbre respecto a su situación y a las circunstancias que rodearon su fallecimiento.
La preocupación se ha profundizado debido a que familiares y líderes comunitarios que intentaron recuperar sus restos para brindarle una sepultura digna también fueron privados de libertad. Estos hechos han generado interrogantes y dolor entre quienes lo conocieron y reconocen la trascendencia de su liderazgo.
La muerte de Taupla Brooklyn Rivera representa una pérdida irreparable para los pueblos indígenas y afrodescendientes de la Costa Caribe. Su vida estuvo dedicada a la defensa de los derechos colectivos, la autonomía, la justicia y la dignidad de los pueblos originarios.
Hoy, elevamos nuestra voz para exigir verdad, justicia y respeto a los derechos humanos. Demandamos la liberación de todas las personas presas por razones políticas y solicitamos información verificable sobre la situación de quienes permanecen en condiciones de desaparición forzada o incomunicación.
Asimismo, hacemos un llamado a la comunidad internacional para acompañar al pueblo de Nicaragua en sus esfuerzos por recuperar la democracia, el Estado de derecho y el respeto a las libertades fundamentales. El sufrimiento de miles de nicaragüenses no puede ser observado con indiferencia. La solidaridad internacional debe traducirse en acciones concretas, coherentes y comprometidas con la defensa de la dignidad humana.
Taupla Brooklyn Rivera, dondequiera que descanses, tu pueblo continuará recordándote. Permanecerás en la memoria colectiva como uno de los grandes líderes de los pueblos indígenas y afrodescendientes de la Costa Caribe nicaragüense. Tu voz seguirá viva en los territorios, en las comunidades, en las lenguas ancestrales y en la lucha permanente por la justicia y la autonomía.
La autora es socióloga de profesión con una maestría en Antropología social. Defensora de los derechos de los pueblos originarios del Caribe nicaragüense.