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El terremoto que destruyó Managua en 1972 cambió la vida de miles de capitalinos. Muchos se vieron obligados a reiniciar desde cero con sus familias en otras ciudades. Ese fue el caso de Lucas Alberto Castillo y Manuela López, quienes tuvieron que establecerse en Estelí. Con ellos iba su hijo de 11 años, Valentín Arturo Castillo López. Desde pequeño, el niño se mostró precoz, inquieto y vivaracho. El talento artístico ya corría por sus venas.
Al año siguiente, el pequeño Valentín dio sus primeros pasos en la actuación con el grupo de teatro popular Calvario, encargado de representar la Judea en Estelí. Desde entonces, Castillo inició un largo camino sobre las tablas que lo llevó a viajar por el mundo y por los frentes de guerra de la Nicaragua bélica de los difíciles años 80. Siempre cargaba con su arte teatral a través del grupo Nixtayolero, el cual se convirtió en su segundo hogar, y sus integrantes, en su segunda familia.
Castillo no solo difundía arte y cultura a través del teatro; también contaba cuentos, componía música, cantaba y educaba mediante sus distintas facetas artísticas. Ese bagaje lo llevó a la televisión abierta en el programa La Cámara Matizona. Ahí consolidó un elenco de niños y adultos para dar vida a la familia “Pellas Díaz”, donde Castillo inmortalizó a uno de sus personajes más conocidos: Amado Felipe.
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Amado Felipe era el eje de las historias de esta familia: el patriarca, un tipo vividor que compartía escena con su amada Chola y una «marimba» de chavalos que completaban el matrimonio. En el elenco también destacaba la “Dorita”, eterna enamorada de Amado y madre de un enorme y obeso niño llamado Rambo Ramón. La familia Pellas Díaz arrancó sonrisas y carcajadas a la audiencia de aquellos años, una época en la que no existían el internet ni las redes sociales.
Aunque Amado Felipe fue el personaje que se quedó congelado en la memoria del público nicaragüense, Castillo construyó una vasta galería de caracterizaciones a lo largo de su carrera, saltando también a las cabinas de varias emisoras radiales del país. Su talento era tal que incursionó en el cine bajo la dirección del cineasta chileno Miguel Littín en la película Sandino. Durante el rodaje conoció al actor Joaquim de Almeida —quien interpretó al general Sandino y con quien entabló amistad—, así como a Kris Kristofferson, parte del elenco, y a Richard Gere cuando este visitó el país en 1986.
Lamentablemente, el polifacético artista del teatro, la radio, el cine y la televisión tuvo que hacer un alto en su vida profesional cuando su salud comenzó a deteriorarse debido a un cáncer estomacal. La enfermedad apagó su vida gradualmente hasta su fallecimiento, el 21 de septiembre de 2016. Con la partida de Valentín Castillo se fueron sus icónicos personajes, el buen teatro, el esposo, el padre y el hermano; sin embargo, quedan los recuerdos que lo mantienen vivo en la memoria y en la historia del arte nicaragüense. Un legado que no se debe dejar en el olvido, porque el espectáculo debe continuar.




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