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El 13 de septiembre de 2006, en la licorería Estela de los Mares, del balneario de Poneloya, un miembro de la familia O’Connor toma un trago de licor para dar fe de la calidad de la bebida espirituosa. Era el catador oficial del aguardiente que esta familia vendía desde hacía tres décadas. El hombre murió al día siguiente, sin que sus parientes sospecharan que la causa del deceso había sido aquel trago adulterado con metanol.
Los hermanos O’Connor recién habían comprado cinco barriles de supuesto “guaro lija”, nombre con que se conoce al aguardiente obtenido de la caña de azúcar. La familia empezó a venderlo en los barrios de la ciudad de León y Poneloya, ocasionando la muerte de varias personas y desatando una crisis sanitaria en el occidente del país.
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El origen de esta tragedia se remonta a finales de agosto de 2006, cuando una banda liderada por José Ángel Rodríguez, alias “Changuelo”, robó una pipa de la empresa Qubor que contenía metanol. Posteriormente, vendieron más de 20 barriles del veneno líquido, mezclado con aguardiente, a las expendedoras de licor en el departamento de León.
“Changuelo”, un exmilitar y ladrón de poca monta, lideraba una banda que operaba en el occidente del país. Un año antes de la tragedia, en octubre de 2005, había sido detenido en la ciudad de Masaya por estar implicado en el robo de 1,234 quintales de urea que estaban en las bodegas de la empresa Cisa Agro, ubicada en el kilómetro 95 y medio de la carretera León-Chinandega.
Rodríguez vendió los barriles de metanol robados a 1,800 córdobas cada uno, cuando el precio normal en esos años oscilaba entre los 6,000 y 6,500 córdobas.
Los primeros días de septiembre de 2006 fueron los más complicados para la emergencia sanitaria, porque aún no se había detectado qué estaba matando y dejando ciegas a las personas. Mientras el consumo y venta del licor adulterado circulaba por todas las calles de León, los fallecidos eran velados entre cigarrillos, juegos de naipe y tragos del mismo «guaro lija» con metanol que los había matado. Irónicamente, muchas personas que acudieron a estos velorios fallecieron al día siguiente, víctimas del potente veneno.
Los pacientes abarrotaron el hospital Óscar Danilo Rosales, en León, que ya no daba abasto. Ante la emergencia, otros afectados fueron atendidos en el sanatorio Rosario Lacayo, también en esta ciudad, mientras que los casos más graves fueron trasladados al hospital Antonio Lenín Fonseca, en Managua.
Finalmente, la Policía decomisó 71,751 litros de aguardiente contaminado con metanol. El Minsa solicitó apoyo a una brigada de 18 médicos del Comando Sur de Estados Unidos, especialistas en toxicología, así como a la Organización Panamericana de la Salud, que proporcionó un antídoto para contrarrestar la intoxicación. Según informes de la época, el antídoto tuvo un costo de 1,350 dólares.
Las personas responsables recibieron reducciones de sus condenas y fueron liberadas en 2017 bajo la figura jurídica del nuevo código penal. Mientras tanto, con el paso del tiempo, han quedado en el olvido las 51 personas fallecidas, las cuatro que perdieron totalmente la visión y las 800 que sobrevivieron tras consumir guaro lija envenenado con metanol.



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