La Silla L, con ele de libertad

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¿Qué ocurre? ¿Por qué tanto inconforme por las albricias de las noticias de estos días?

La Real Academia de la Lengua Española nos colma de acepciones en la gramática, también responde en su punto final con «enfáticamente es válido», al consultar sobre expresiones que consideramos erróneas; no consultamos si es válido, lo que nos interesa es si es correcto.

Como tan correcto es que si la silla vacante L, sea ahora ocupada por el laureado escritor Sergio Ramírez Mercado, provisto de premios muy significativos para la cultura hispana como para la propiedad intelectual nicaragüense.

Para la Academia sí es sumamente correcto, pues no está colocando a un político jacobino de declaración marxista, sino a un exitoso portador de las letras para la narrativa y la novela.

El político rezagado de una vicepresidencia malograda, y que su mayor pecado en tiempo real fue la complicidad por actos de lesa humanidad en Nicaragua, por allá de la segunda mitad de la década de 1980. Tal pecado le persigue cada que sus conciudadanos aprovechan la ocasión oportuna, al señalarle su tenebroso pasado, recordándole así su participación en la repartición de bienes confiscados, puesto que él de su misma boca, promovió ese hurto legitimado por un Estado militar, y que cuya legitimación infame fue llamada la piñata.

¿Debemos diogenizar la figura de Ramírez en la etapa de intento de democratización desde 1990, al ahora querer resarcir su mal habido proceder en el Ejecutivo, con fundar otra fuerza de izquierda llamada Movimiento Renovador Sandinista (MRS), y que cuyos miembros igualmente les persigue esas deudas históricas, que por ética deben ser pagadas?

El cinismo es de un buen político tradicional. Debió Ramírez prever el mal sabor de un juicio, si acaso el nuevo gobierno lo llevara al banquillo de los acusados. Solo que, ni una pizca de citatoria judicial se le notificó, pues los gobiernos de la posguerra: Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, resultaron ser peleles, nada competentes para la mano de hierro necesaria.

Hayan sido peleles, la virtud estuvo en preservar el legado ilustre en la personalidad, no en el oficio público que lo macula. La clase política no está llamada a ser incorruptible, pero sí a ejemplificar lo que deba ser objeto de enseñanza.

Partiendo de la obra Castigo divino, Sergio Ramírez trascendió, su nombre emigró de Nicaragua, ¿qué juicio político puede contra ello? ¿Qué fuerza popular de la opinión pública puede desvanecer el nombre de Sergio Ramírez en los archivos de las academias? Bien pudo naturalizarse mexicano con el premio Carlos Fuentes, bien pudo también con el premio Miguel de Cervantes en España. No obstante, ya es español, no por decisión propia; es de conocimiento público el destierro que como otros nicaragüenses sufre, efectuado por el mismo individuo con el que fungió malévola fórmula presidencial. He aquí el detalle.

El eximio de la silla L usa su figura para condenar categóricamente la tiranía en su país, pues su responsabilidad es civil, no política. Conoció su contexto de libertad para derrocar la primera dictadura que vivió, y regresa a otro contexto de luchar por la libertad, a través de la internauta actividad de las redes virtuales.

El honroso académico de la silla L, por curioso que parezca, guarda cierto parecido con su antecesor Mario Vargas Llosa. Ambos son recriminados por sus conciudadanos. Vargas Llosa para Perú, aunque Nobel, no fue nada grato. Poniendo al margen su activismo de izquierda durante los albores de la Revolución Cubana. Se le satanizó su postura recalcitrante de «derecha».

¿Es acaso del más bajo indecoro, que un insigne letrado consuma su ideología en la doctrina liberal, cuyo precepto inicial fue distribuir con sabiduría el bien económico, así para que la riqueza no sea feudal? Esto, es no más un indicador. Juzgo que el derechismo de Vargas Llosa advierte la indisciplina de la izquierda en asuntos de economía.

Y a Ramírez, pues, por lo antes expuesto, la conciencia popular no lo perdona. Emergió siendo confiscatorio, esta insensatez se le atribuye a la izquierda de Nicaragua. En palabras de Ramírez, se resalta la piratería con la que el Frente Sandinista “no podía irse a la oposición sin nada en el bolsillo”, agregando los fines de “preeminencia social”, la garantía pecuniaria en años futuros, sin el mínimo escrúpulo por las necesidades alimentarias del pueblo.

Para años futuros a los que Sergio Ramírez Mercado precede más bien, como la pauta nicaragüense de la novelística hispanoamericana, leído en más de 15 idiomas, años estos de los que nosotros lo supimos recibir en las escuelas, las bibliotecas y en algún sitio cotidiano bajo los ojos lectores de jóvenes y el señorío del día a día

La Real Academia no es una corte penal para dictar fallos, es no más el templo cultural de nuestra lengua con sede en Madrid, que ha dado el mérito a un nicaragüense, porque no se lo da el Estado de Nicaragua.

El autor es poeta y declamador (actualmente en el exilio)

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